13 ene. 2009

EL FINAL


NO PODRIA DECIR CUANTO SE PROLONGO ESA RELACION SEXUAL.
NO HAY NUMERO MENTAL QUE LO CUENTE.
ES INTRANSMISIBLE EN LO SUBJETIVO.
DURO UNA VIDA COMPARTIDA.
MIA Y DE MONICA.
TODA LA MEMORIA DE ESOS AÑOS FUE EL FONDO DEL ULTIMO COITO.
COMO LA CONOCI.
EL TIEMPO QUE LA OBSERVE A LA DISTANCIA PERPLEJO POR SU ATRACTIVO.
LOS COMIENZOS Y EL IMPETU QUE ELLA LE DIO A LA RELACION,PARA MI SORPRESA.
TODO VOLVIO MIENTRAS LA RECORRIA SABIENDO QUE ERA LA ULTIMA VEZ.
LA ENSAYADA ,DRAMATIZADA,PARODIADA DESPEDIDA AHORA ERA.
YA.
TERMINE.
ELLA HABIA DE DEJADO DE SER MONICA.
DESPUES LA RUTINA,REPETIDA CIENTOS DE VECES EN OTRAS CIRCUNSTANCIAS.
CON OTROS CUERPOS.
BELLA,
ADIOS AMIGA CRUEL.
TRAIDORA QUE DEJO APAGAR HASTA LA ULTIMA BRASA.

6 ene. 2009

PERVERSIONES FEMENINAS


Malas madres
Las monstruas

Innovadora. Estela Welldon postula en su libro, de venta mundial, que la perversidad puede ser femenina.
12-11-2008 / Según Freud, la perversidad es una característica masculina, pero la psicóloga forense Estela Welldon postula que las mujeres también pueden detentarla. El cuerpo femenino como medio de venganza. El quiebre del instinto maternal. Las razones. Los casos.
Por Diego Rojas

Una mujer misionera regresa a su pueblo en busca de sus hijas. Le dice a su ex marido que las lleva a Buenos Aires para que realicen trabajos domésticos. Pero al llegar a un suburbio bonaerense, las conduce a un prostíbulo en el que trabaja y las entrega a los hombres que gustan de las jovencitas. Las niñas tienen once, trece y dieciséis años. La mujer tiene sexo con sus clientes delante de ellas. En Choele Choel, durante las horas oscuras de la madrugada, una mujer acuesta boca abajo a sus cinco hijos: un bebé de dos meses, dos mellizos de dos años, otro de cuatro y el último de ocho.
Uno a uno, los cubre con frazadas y los asfixia hasta matarlos. Sentada, tiene la mirada perdida. Su hija de nueve años logra escapar a la masacre y alerta a sus vecinos: “Mi mamá está matando a mis hermanos”. Cuando la policía llega, la mujer continúa inmóvil, con los ojos abiertos, delante de los cadáveres de los niños. En un lujoso departamento de la calle Coronel Díaz, una mujer borracha se dirige a la habitación de su hijo adolescente, que duerme. Comienza a acariciarle la entrepierna.
Cuando el hijo despierta, ella no se detiene. “Los hijos pertenecen a la hembra que los pare”, le dice y no deja de tocarlo. Una mujer se va a Atlantic City con su pareja de turno y deja a su hijo de nueve años solo en casa, con unas fetas de queso por todo alimento. El novio de su madre regresa –la mujer lo abandonó cuando se acabó el dinero–. El hombre abusa del niño.

No siempre el amor, el sacrificio y la protección son las cualidades que caracterizan la relación entre una madre y su hijo. Por el contrario, muchas veces este vínculo adquiere características monstruosas. La madre que prostituía a sus hijas se encuentra detenida. Karina Giles, la asesina de sus cinco hijos, repetía cuando fue detenida por la policía: “Lo volvería a hacer una y mil veces”. Cristina Silva, la madre incestuosa, fue asesinada por sus hijos Sergio y Pablo Schoklender. La madre que abandonó a su hijo es retratada en la película El corazón es engañoso, por sobre todas las cosas, que se estrena esta semana.

Estela Welldon, psicóloga argentina residente en Inglaterra desde hace cuarenta años y fundadora de la Asociación Internacional de Psicoterapia Forense, dedicó su carrera al estudio de estas mujeres homicidas, abusadoras, maltratadoras, y le dio un marco teórico a la perversión femenina. Acaba de publicarse por primera vez en el país la versión definitiva de Madre, virgen, puta, libro de Welldon que desde hace veinte años circula en el mundo psi y que postula sus polémicas elucubraciones.

Para el psicoanálisis freudiano ortodoxo, la perversión es una cualidad masculina originada en la angustia de castración, peligro inexistente en la mujer que, en cambio, desarrollaría la envidia del pene y estaría exenta, por lo tanto, del manto de las perversiones. Sin embargo, Welldon propone que las características del cuerpo femenino constituyen a las mujeres en su particularidad, que no sólo se construye en relación con la especificidad masculina.

El útero, la potencialidad innata de albergar un bebé y la relación de la mujer con el tiempo a partir de los cambios biológicos que cada etapa produce (la menarca, la menopausia o la constatación de la imposibilidad de ser un solo ser luego de haber parido un hijo) constituyen las coordinadas femeninas de relación con su cuerpo y con el mundo. Al quebrarse, por ejemplo, el instinto maternal se produce la perversión femenina que, con sus propias maneras, se puede desarrollar contra su propio cuerpo o, más comúnmente, contra sus hijos, considerados como extensiones de sí mismas.
Esta visión permite pensar a la mujer como victimaria y no sólo víctima, aunque también lo sea. En el mito de Edipo, la culpa recae sobre aquel hombre que copuló con su madre, pero no se resalta que Yocasta también impulsó ese acto sexual. Cuando se mira a una embarazada, se la ve en el rol maternal y no se piensa en la mujer que tuvo sexo para quedar en ese estado. El psicoanálisis, como disciplina, puede sobrepasar esas miradas sobre la mujer y pensarla de manera autónoma y no sólo en relación con los hombres y al falo masculino.

“La diferencia fundamental entre la acción perversa de un hombre y de una mujer es que la acción del hombre se dirige hacia afuera –explica Welldon–. Un exhibicionista, por ejemplo, muestra sus genitales a una mujer que se sorprende. Un perverso ataca al otro. En cambio, lo que haga la mujer lo hace contra ella misma. Se trata de una venganza inconsciente y simbólica contra el cuerpo de la madre. Cuando se manifiesta en forma de violencia hacia el hijo en realidad se percibe al niño como una extensión del propio cuerpo.”

–Algunos casos, como el de la mujer que prostituía a sus propias hijas, permiten pensar a estas madres como monstruas.

–Generalmente este tipo de madres han tenido una carencia afectiva total, no están equipadas emocionalmente para lidiar con las exigencias que la maternidad implica. Una niña que no se sintió querida al nacer, tal vez porque se esperaba un varón, una vez que comienza a percibirse como mujer puede llegar a buscar ese afecto en el ejercicio de la prostitución que se conforma mediante un doble movimiento ya que, por un lado piensa: “Me siento bien con mi cuerpo porque el cliente me paga”, pero a la vez actúa contra ese cuerpo, degradándolo. Como considera a los hijos una prolongación de ella misma, prostituir a esos niños sería la prolongación de la venganza contra la madre. No son casos tan raros como parece. Tuve un caso horrible. Cuando una chica fue a decirle a la madre que el padre la estaba abusando, la madre sólo atinó a golpearla. Luego, ambos padres se pusieron en combinación para que las dos ejercieran la prostitución de manera conjunta. El padre alquiló un departamento y puso avisos por todas partes ofreciendo a una mujer y a su hija. Eventualmente la chica pudo hacer la denuncia y presentó como prueba esos avisos publicitarios.

La perversión femenina atraviesa todos los estratos sociales y no tiene fronteras. Se manifiesta en patologías que van desde la bulimia y la anorexia hasta el infanticidio, pasando por el incesto entre madre e hijo e incluso el síndrome de Munchaussen por Sustitución, en el que la madre lesiona a su hijo y lo lleva al hospital fingiendo una enfermedad a ser diagnosticada por el médico. La actriz Joan Crawford fue denunciada por su hija por la crueldad con que la crió en el libro Mamita querida, que contaba sus rasgos sádicos. La ficción televisiva retrató un vínculo de esta naturaleza en la serie Los Soprano, en el que Livia, además de un constante maltrato psicológico, intenta asesinar a su hijo Tony, jefe de una familia mafiosa. Esta semana María Magdalena Córdoba, de 27 años, fue detenida en Venado Tuerto, Santa Fe. La buscaban desde hace seis años, acusada de haber matado a su bebé recién nacido. Silvia Goicochea, ex concejal radical de la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen, está sospechada de haber colaborado con el filicidio.

En Mendoza, Mónica de los Ríos fue acusada de asesinar a su bebé con la colaboración de su madre. Estos casos tienen vasos vinculantes con el de la jujeña Romina Tejerina, quien mató a su bebé recién nacido. A pesar de que una mirada desde la psicología mitigaría el acto criminal para brindarle una explicación –la joven jujeña fue violada por el padre de la criatura–, hoy Tejerina continúa encarcelada.

“A todo el mundo le encanta leer las crónicas policiales y creer que tiene una especie de virtud: no ser tan malo como ese –señala Welldon–. Les gusta leer, pero no entender lo que pasa. Como en el caso de estas mujeres que se convierten en victimarias. Si una mujer deja a los chicos en situaciones espantosas, en un departamento de una pieza, sin comida, sin nada y se va a España, sale en todos los diarios la noticia de una mujer terrible. Pero no se intenta entender la psiquis de esa mujer, que no podía lidiar más con todo eso, que no podía confiarle a nadie su sentimiento de inutilidad, el deseo de renunciar a todo, el no saber qué hacer y salir corriendo. La sociedad tiene una responsabilidad: proporcionar recursos a estas mujeres. Siempre que hay un acto de violencia hubo antes una situación subjetiva de humillación. Y cuando estalla esa violencia hay que analizarla. El hombre tiene el poder público y la mujer el poder doméstico. La mujer se queda sola en la casa, se identifica con la persona agresiva y maltrata a los más débiles, los chicos. Todos tenemos que estar al tanto de estas realidades tan dolorosas y trabajar mucho más con las escuelas, con los maestros, con los magistrados.”

“La maternidad está glorificada”, comenta Welldon. Esta mistificación explica la imposibilidad de pensar a la mujer en el rol perverso y la reacción de la sociedad ante los hechos comentados; una reacción que involucra mayor escándalo y condena en comparación a los que se demuestran cuando el victimario es un hombre. Pero si los mitos ayudan a entender el mundo, los griegos postularon hace mucho la historia de Medea, aquella mujer que mató a los hijos que había tenido con Jasón para vengarse de su esposo. Hoy, el psicoanálisis permite un acercamiento a las mentes de estas mujeres, desarrollar ese conocimiento derivará en profundizar en las razones del mal. Un entendimiento necesario. Como decía Baruch de Spinoza, no se trata de reír ni de llorar, sino de comprender.
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5 ene. 2009

ABUSO DE NIÑOS


ESTELA WELLDON

Los abusos a los niños


La autora ofrece un análisis clínico sobre la psicopatología de madres que, como Rosemary West, abusan sexualmente de los niños tras haber sufrido una infancia difícil

Ante el caso de Rosemary West uno se ve tentado a condenar a la acusada considerándola una monstruosa aberración sin relación alguna con el género humano, y no digamos con el género femenino.

Incluso para los que trabajamos en el campo de la psiquiatría, hay muchos elementos inexplicables en una relación de un hombre y una mujer basada en la perversión sexual, el incesto, el asesinato y la mutilación de sus víctimas. Este caso está lleno de procesos mentales extraordinarios e impensables, en concreto, uno de ellos es el lazo patológico que se establece entre un hombre y una mujer que actúan con violenta contra sus hijos.

No obstante, un aspecto que la sociedad no quiere considerar, e incluso ignora, es que una mujer puede abusar sexualmente de sus hijos en su propio hogar, y Rosemary West es un ejemplo extremo. He aprendido a lo largo de mi carrera profesional que resulta muy difícil aceptar que las mujeres son capaces de realizar actos de violencia sexual.

En la Clínica Portman (unidad ambulatoria de la Seguridad Social en Londres), llevamos 60 años tratando a pacientes que presentan perversiones sexuales, que han cometido actos criminales y asesinatos. Sin embargo, sólo en los últimos veinte años hemos sido capaces de diagnosticar perversiones sexuales crónicas en mujeres, incluido el abuso sexual de menores.

De nuestra experiencia se desprende que existe una diferencia importante entre los hombres y las mujeres con perversiones sexuales. Los hombres, por lo general, emplean sus órganos sexuales, el pene, para cometer actos perversos contra un objeto externo a ellos. Las mujeres también usan sus órganos reproductivos, cuya anatomía los hace más extendidos, como vehículo de sus perversiones, si bien las víctimas suelen ser ellas mismas o personas que han concebido, es decir, sus hijos.

La creencia infundada de que los conocimientos que tenemos de las perversiones masculinas son aplicables a las perversiones femeninas ha dado pie a que se niegue tratamiento médico a enfermas que lo piden a gritos.

SEXO EXPLOTADO.- Aparte del maltrato a recién nacidos, no se han diagnosticado nunca, o simplemente se han pasado por alto, otras patologías asociadas con la maternidad, probablemente por la glorificación que la sociedad hace de la maternidad. El estereotipo se basa en la idea de que «las mujeres suelen ser víctimas de abusos sexuales por parte de los hombres». Los casos de mujeres que cometen abusos sexuales suelen ser ignorados por las organizaciones de mujeres ya que ponen en entredicho la creencia generalizada de que son el sexo explotado.

La perversión de la maternidad no es otra cosa que el resultado final de una historia de repetidos abusos y abandonos durante la infancia. Estos casos se suelen dar cuando hay detrás una historia de descuido materno prolongado al menos durante tres generaciones y perpetuado en un interminable ciclo de maltratos.

En una ocasión me escribió una madre: «Le escribo porque estoy desesperada. Necesito ayuda. Tengo 26 años y me han quitado la custodia de mis seis hijos. El séptimo nacerá en un par de semanas. Quiero desesperadamente que me devuelvan a mis hijos, pero reconozco que me encuentro en esta situación porque yo también he sido víctima de abusos durante mi infancia. Una de mis hijas fue violada por un hombre que me violó a mí también. En la actualidad sufro alucinaciones y tengo pesadillas, depresiones terribles. No soporto que mi compañero me toque. Por otro lado reconozco que mis relaciones son violentas... No quiero seguir viviendo así.»

«Posdata: Tres personas abusaron sexualmente de mí entre las edades de 2 y 12 años. A los diecisiete fui violada. Durante todos estos años mi madre me maltrató.»

Una mujer como ésta puede venir de cualquier sector social. La mayoría no experimentó durante sus primeros años una relación satisfactoria. Por el contrario, se sintieron profundamente defraudadas al ser maltratadas por quienes debían cuidarlas.

Quizá parezca extraño, pero la maternidad les brinda a algunas mujeres la oportunidad de expresar sus perversiones contra los hijos, contra ellas mismas y contra su propia maternidad. Ser madre es una tarea compleja, difícil y absorbente. La maternidad no ofrece ninguna recompensa para ciertas mujeres, en particular para aquellas cuyo instinto maternal se ha visto afectado por haber sido ellas mismas víctimas de maltratos.

Hay mujeres que parecen sumisas, complacientes y pasivas, pero que albergan sueños de venganza. A menudo, el embarazo tiene diversos significados: un acto de venganza contra el hombre que la trata con desprecio, una rebelión contra el miedo a la soledad. Es también bastante común que una mujer que se queda embarazada en la adolescencia esté repitiendo la experiencia de su madre. Como también lo es que un embarazo debido a sentimientos de inadaptación ante la vida, odio o venganza, consciente o subconsciente, pueda llevar a trastornos mentales relacionados con la maternidad.

TRASTORNOS DE NACIMIENTO.- Las personas que asocian la maternidad a un desarrollo saludable de la persona y de su proceso de madurez, no son capaces de comprender que el hecho de ser madre puede estar cargado de todos estos significados.

El origen de estos trastornos puede remontarse al momento del nacimiento, ya que por lo general, son personas que, por el simple hecho de ser mujeres, no fueron bien recibidas en su familia. Claro está, esto suele afectar su relación con sus propias hijas. Es importante señalar que las víctimas de West eran todas chicas jóvenes, y entre ellas se encontraba una mujer embarazada.

La mujer que comete este tipo de actos violentos presenta una perversión del «instinto maternal», es decir, la enferma experimenta, durante períodos de crisis, fuertes sensaciones físicas, incluso atracción sexual por los niños, los suyos y los ajenos. Intenta detener unos comportamientos que considera incorrectos, pero no logra contenerse. Tras obtener alivio de su ansiedad sexual, inmediatamente siente culpa y desprecio por sí misma y cae en estados de depresión.

El perfil de estas mujeres es el de una persona con un historial de maltratos, abusos sexuales y abandono. El incesto se da a lo largo de generaciones. Las madres incestuosas mantienen una especie de relación simbiótica con sus hijos, alternando el abandono y la seducción de sus bebés. No permiten ningún proceso de separación que facilite el desarrollo de la personalidad de sus hijos. Estas personas presentan, por lo general, comportamientos muy autodestructivos anorexia, bulimia, promiscuidad, consumo de drogas y alcohol, autolesiones que suelen manifestarse durante la adolescencia. Son incapaces de mantener relaciones duraderas, y éstas suelen ser de tipo sadomasoquista.

El caso de Rosemary West está situado en el extremo de este espectro psicológico. Por lo que sabemos, su historial sólo guarda semejanzas mínimas con los casos de abuso sexual que yo he atendido. Pero lo que sí es cierto es que a la mayoría de las personas que acuden a nuestra clínica se les puede ayudar. Si queremos brindar el apoyo adecuado a las madres y a las hijas que se encuentran en esta situación necesitamos más recursos. Sólo si la sociedad toma conciencia y se sensibiliza ante estos problemas tan traumáticos podremos comenzar a romper el ciclo de violencia fomentado por el secretismo y el miedo a la humillación.

Estela Welldon es presidenta de la Asociación Internacional de Psicoterapia Forense