Mostrando las entradas con la etiqueta FILOSOFIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta FILOSOFIA. Mostrar todas las entradas

23 may 2011

POBREZA Y MUERTE ,Vicente Zito Lema


“¿Qué hay entre ti y mi?”.
Nuevo Testamento. (Mc., V, 7 y Lc., VIII, 28).
Cita de Soren Kierkegaard:“El concepto de la angustia”.
I. Así como los muertos nos hablan de la muerte y ningún muerto ni todos los muertos son la muerte, y menos aún la eternidad, así también la pobreza.

Cada pobre vive la temporalidad estricta de su pobreza, sin embargo no la agota ni confunde su sustancia –propia e indeclinable por su sentido de trascendencia– con esa pobreza que no es en su origen naturaleza, menos aún designio de la divinidad. (Es inconcebible una perfecta divinidad que haga “trampas” a sus criaturas, pervirtiendo con la aparición de la pobreza ese poder de acción en libertad que define lo humano, que hace de lo humano el espejo donde la vida se refleja como amor en los ojos del otro).
Atrapado por la pobreza, despojado de su conciencia real, vaciados los contenidos de su existencia, sin posibilidad de tomar distancia de su permanencia en el dolor para observarse, el pobre no puede alcanzar la verdad de su real padecer, y hasta llega a sentir, desde una resignación que lo involucra sin transito con la producción alienada de la vida, que su pobreza particular le pertenece, que es la herencia recibida y la que debe transmitir, incluso como acto de fe, en tanto que bajo la mirada del ayer existe la pobreza y su mirada del mañana no deja de ser el recuerdo del hoy que revive en su condición de pobre.
Entonces la pobreza se convierte –he aquí la cruel paradoja-, en el último, fugaz y agónico camino de salvación de su extremo dolor. La angustia nace en el pobre porque la conciencia de la pobreza lo enfrenta con la muerte. Más aún, le han enseñado que la pobreza es un crimen del pobre.
Inducido día y noche al suicidio como sacrificio redentorio, será preciso –desde la lógica que garantiza la pobreza– que con su pasividad extrema el pobre pague sus culpas y recupere la inocencia.
Lo que se calla es que nadie puede ser inocente en la pobreza, que su materia es la ignorancia y su producción masiva, crónica e indiferenciada.
La pobreza contiene al pobre en su vastedad como la mar a sus olas, sin darle calidad de sujeto, jamás será un rostro y un nombre, no tendrá historicidad ni conciencia crítica, y obligado a sufrir el divorcio absoluto de su cuerpo y su alma –destruidos en soledad– no podrá devenir en espíritu de humanidad. No hay responsabilidad por la pobreza del pobre. Tampoco se acepta la culpa, en tanto el pobre está puesto por fuera del mundo humano, ni siquiera es lo otro, pertenece a una categoría abstracta y sin sentido, que se reproduce a sí misma: la pobreza
Así la pobreza no requiere sustancia primigenia de vida, es un predicado de la muerte; será vista como la consecuencia accidental –no previsible, tampoco deseada– de la riqueza. O, si se prefiere, un derivado patológico (se piensa en un delito aberrante, en una pústula, en un delirio) de un proceso de legalidad, de salud y normalidad que organiza el universo de los hombres “bien pensantes”, quienes, imbuidos de fe santa, libran contra el “mal” de los pobres la batalla por el paraíso perdido.
La pobreza nace con cada pobre, que deberá andar con sus pies sobre el mismo fuego original.
La muerte de un pobre no es el fin de la pobreza, que desde su ajenidad sigue regando las sombras como si fueran rosas.

II
La muerte ante la conciencia de la vida jamás será la nada (que estremece pero también justifica); es un no poder ser que nace cual detritus del amor sobre la angustia de la existencia, una eternidad paralizada en el instante que abrió sus alas y clavó sus garras en la materialidad de un hombre desnudo y sin socorro en el paroxismo de la desesperación.
La muerte es un todo de sustancia no perfecta, que antecede a la vida y se perpetúa en cada una de las vidas, tengan o no tengan pasado.
El discurso de la muerte recoge las palabras de la muerte y el silencio de los muertos, fundidos en los bordes del vacío.
La muerte no es el pecado de la vida.
El pecado de la vida es la pobreza, donde vuelven a escucharse, sin respuestas, las palabras de la muerte y el silencio de los muertos, en un desierto que desconoce la resurrección.
La muerte es para los vivos que han tenido existencia y en plenitud no forzada (se habla del ejercicio develado de las contradicciones). Así los pobres, que son “numerosidad” en la pobreza, pasan a la muerte desde una posición que se inscribe como materia tanática, agonía de la continuidad en una infinitud sin tránsitos.
La pobreza es una acción antes que un estado. Al igual que el lenguaje sólo se entiende como un todo. Se da de una vez y para siempre. (Salvo que la oscuridad de origen que la estructura y resguarda, se ilumine con su propia muerte).
La pobreza es más que una cantidad de privaciones, humillaciones y estadísticas: es una calidad morbígena, nefanda.
La pobreza priva de la conciencia profunda de la vida, ya no hay una anterioridad a la vida como pobre, ni una posterioridad a la muerte en la pobreza.
La pobreza a lo sumo permite navegar por los márgenes del saber de la pobreza; llegar a la verdad que escandaliza la realidad desde el interior de la pobreza, exige una experiencia que abreva en los rituales del sacrificio, y provoca, desde la excepción individual, la aparición del héroe, el genio o el mártir. Vista la pobreza como totalidad, su saber absoluto solo puede lograrse desde otra totalidad: su no existencia.
Es que la pobreza ya no necesita vincularse con la muerte. Existe en ella y por ella.

III
El ser sin existencia ocurre en los sueños.
El sueño es una eternidad que se produce en la vida.
La muerte no sueña la vida, la espanta, tras el pavor agudo de la pobreza.
La vida es anterior a la pobreza, pero la pobreza no reconoce el pasado de la vida, el tiempo lo conjuga en continuidad del presente.
La pobreza se mueve sin memoria y sin remordimiento. La memoria necesita de lo humano; tampoco es posible el remordimiento sin una divinidad que pida cuentas sobre el amor. El olmo nunca se planteó dar peras: en el espacio de la pobreza no hay lugar para lo humano y la divinidad sólo se recibe en tanto contribuya a la reproducción de la pobreza, convertida perversamente en principio de la realidad. Limosnas y resignación, perdón o consuelo son máscaras múltiples de un mismo crimen.
La pobreza es aquí un fantasma que abre los espejos del horror. Detrás de las máscaras absurdas, el horror es la muerte. La pobreza tiene el rostro definitivo de ningún rostro, un vacío sin humanidad, anonimidad pura.
En la pobreza la muerte no será el recuerdo crítico y consciente de la vida. El “bien” y el “mal” resaltan las opciones estereotipadas de una misma tragedia. La justicia o la piedad apenas sirven de alegorías macabras.
El pobre que muere con los zapatos de pobre sin haber soñado la muerte de la pobreza
–se habla aquí del sueño que saca a flote el deseo y anticipa la realidad–, no muere para la vida: despojado y expulsado de su existencia (su mismidad será un fantasma), muere sin clausurar el proceso de muerte, es apenas un fugaz suceso de la pobreza.
El pecado originario de la vida es la pobreza y no tiene absolución en el reino de los cielos. La “condena” al trabajo para modificar la naturaleza y reproducir la vida es el precio de la libertad, y hace de la pobreza una cuestión absolutamente humana, un litigio histórico y social.
La pobreza es cantidad que prosigue en cantidad sobre la tierra hasta que la muerte extinga el sentido de la vida.
La lectura individual de la pobreza responde a las reglas del azar. Páginas abiertas por el viento, a veces socorrido por las diosas del destino.
En la pobreza hay una garganta común que se oprime hasta que cada pobre, uno a uno, se cubre con las cenizas de la noche.
Cubiertos por esas cenizas de la noche no tendrán los pobres en la pobreza otra resurrección que la conciencia.
Los sueños de los pobres no son “un accidente maléfico”; tampoco responden al “espíritu de la inocencia”, nacen como un estertor desde la materialidad atroz de la pobreza, allí donde la muerte sueña la muerte de los pobres con los ojos bien abiertos.
Los pobres sueñan con los ojos dormidos para no ver la pobreza, pero ven la muerte, que jamás fue un pasajero de sus días, siempre estuvo en el final del camino. (¿Qué ven en la muerte los pobres...? ¿La vida que no dejó ver la pobreza...? )
La vida de los pobres se inicia con la muerte de la pobreza. En ese instante, abre sus aguas el río de la pureza, para que el sueño de la vida sea la propia vida, y la pobreza, ajena al poder de la muerte, sea apenas memoria del espíritu humano, cuando fue humillado, en nombre de la ley, sin que “clamara el cielo”, sin que se detuvieran las honras a la razón con que el poder instituye y vigila este mundo...

1 dic 2008

VIGILAR Y CASTIGAR

VIGILAR Y CASTIGAR[1]

Nada es más material, más corporal que el ejercicio de poder



Como sabéis voy a comentar las ideas principales de la obra Vigilar y castigar de Michael Foucault, también me he remitido a Microfísica del poder con la intención de resaltar la postura política de este autor e intentar romper con la ambigüedad en torno a esta -creada sobre todo por supuestas citas del autor sacadas de contexto para adornar un argumento cualquiera-. El esquema que voy a seguir consiste en una breve introducción a la obra de Foucault, para después contextualizar Vigilar y castigar y detenernos en los cambios que emergen en los siglos XVIII y XIX; este periodo es clave para analizar la actual sociedad disciplinaria, ya que se produce una crisis de la economía de los castigos y una reorganización del sistema punitivo (como veremos aparece el pueblo soberano frente al soberano, la disciplina frente al suplicio, poder positivo-constructor frente al negativo-represor... y se generaliza la prisión como forma de castigo) en el que se basa la sociedad actual.



Foucault nos muestra en sus obras que nada es más material, más corporal que el ejercicio de poder. Estudia la materialidad del poder desde sus extremidades; no trata de analizar las formas regladas y legitimadas del poder en su centro, sino de agarrarlo en su capilaridad, en sus instituciones más regionales donde no adopta la forma de grandes principios jurídicos sino de multiplicidad de tácticas que parecen neutras o sin importancia (el examen, la revisión médica, los test...) ‘Se trata en cierto modo de una microfísica del poder que los aparatos y las instituciones ponen en juego, pero cuyo campo de validez se sitúa en cierto modo entre esos grandes funcionamientos y los propios cuerpos con su materialidad y sus fuerzas.’ En Vigilar y castigar muestra como estos mecanismos microfísicos de poder, que los aparatos y las instituciones ponen en juego, se materializan en el cuerpo (tecnología política del cuerpo) Lo que busco, dice Foucault, es intentar demostrar cómo las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos.



‘Hay que admitir en suma que este poder se ejerce más que se posee, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados. Este poder, por otra parte, no se aplica pura y simplemente como una obligación o una prohibición, a quienes “no lo tienen”; los invade, pasa por ellos y a través de ellos; se apoya sobre ellos, del mismo modo que ellos mismos, en su lucha contra él, se apoyan a su vez en las presas que ejerce sobre ellos.(...) El derrumbamiento de esos “micropoderes” no obedece, pues, a la ley del todo o nada; no se obtiene de una vez para siempre por un nuevo control de los aparatos ni por un nuevo funcionamiento o una destrucción de las instituciones; en cambio, ninguno de sus episodios localizados puede inscribirse en la historia como no sea por los efectos que induce sobre toda la red en la que está prendido’[2].



Los métodos de análisis que utiliza Foucault son la arqueología y la genealogía[3]. La genealogía, opuesta a las teorías totalitarias globales, se caracteriza por:

-Un saber minucioso, meticuloso que se adquiere mediante el rastreo de grandes cantidades de información... Trabaja con el material no noble frente a una historia de las cumbres (reyes, batallas espectaculares...)

-Se opone a la búsqueda del origen (Ursprung) metahistórico, sin fechas, que utiliza conceptos inamovibles[4]

-No parte de la idea de evolución continua, sino que trabaja con discontinuidades (en momentos concretos y por múltiples causas emerge algo)



Se produce, dice Foucault, un acoplamiento de los conocimientos eruditos y de las memorias locales que permite la constitución de un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas actuales. Se trata de una insurrección de los saberes sometidos, de hacer entrar en juego los saberes locales, discontinuos, descalificados, no legitimados... contra la instancia teórica unitaria que pretende filtrarlos, jerarquizarlos, ordenarlos en nombre del conocimiento Verdadero y de los derechos de una ciencia que está detentada por unos pocos.



Las genealogías no son retornos positivistas a una forma de ciencia más meticulosa o más exacta; las genealogías son precisamente anticiencias. Una búsqueda de la ‘insurrección de los saberes’ no tanto contra los contenidos, los métodos o los conceptos de una ciencia, sino y sobre todo contra los efectos de un saber centralizador que ha sido legado a las instituciones y al funcionamiento de un discurso científico organizado en el seno de una sociedad como la nuestra. La genealogía no funda, remueve lo que se percibía inmóvil, fragmenta lo que se pensaba unido, muestra la heterogeneidad.



La arqueología sería el método propio de los análisis de las discursividades locales y la genealogía la táctica que a partir de estas discursividades locales así descritas, pone en movimiento los saberes que no emergían, liberados del sometimiento.



En Vigilar y castigar aparece el poder como construcción positiva a través de múltiples tácticas a diferencia de las primeras obras en las que aparece una concepción puramente negativa (funcionamiento sólo por represión) que terminó por parecerle insuficiente. El cambio se produjo en el transcurso experiencias concretas a partir de los años 71-72 en relación con las prisiones, entonces sustituye el esquema jurídico y negativo por otro técnico (compuesto de múltiples tácticas) que lo elabora en Vigilar y castigar (publicada en 1975) y lo utiliza después en Historia de la sexualidad.



Antes de empezar con la obra en cuestión, considero interesante destacar que Foucault comenta en Microfísica del poder que las acciones puntuales y locales pueden llegar bastante lejos y pone como ejemplo la acción del GIP (grupo de información sobre las prisiones) en las que él participó activamente. Las intervenciones que realizan no parten del humanismo, no se proponían como objetivo último que las visitas a los prisioneros llegaran a ser de treinta minutos o que las celdas estuviesen provistas de retretes, sino llegar a que se pusiese en cuestión la división social y moral entre inocentes y culpables. Con la prisión se mantiene el terror del criminal, se agita la amenaza de lo monstruoso para reforzar la ideología del bien y del mal.



Señala las diferencias entre una práctica humanista y la que se desarrolla en el GIP:



Sobre el sistema penitenciario el humanista diría: Los culpables son culpables, los inocentes, inocentes. De todas formas un condenado es un hombre como los otros y la sociedad debe respetar lo que hay en él de humano: ¡en consecuencia, retretes!. Nuestra acción, por el contrario, no busca el alma o el hombre más allá del condenado sino que busca borrar esta profunda frontera entre la inocencia y la culpabilidad. (...)

Queremos cambiar la institución hasta el punto en que culmina y se encarna en una ideología simple y fundamental como las nociones de bien, de mal, de inocencia y de culpabilidad.(...)

Para simplificar, el humanismo consiste en querer cambiar el sistema ideológico sin tocar la institución; el reformismo en cambiar la institución sin tocar el sistema ideológico. La acción revolucionaria se define por el contrario como una conmoción simultánea de la conciencia y de la institución; lo que supone que ataca las relaciones de poder allí donde son el instrumento, la armazón, la armadura.



La obra Vigilar y castigar se nos presenta como una genealogía del actual complejo científico-judicial de los métodos punitivos, arrancando del corte epistemológico de los nuevos sistemas penales de los siglos XVIII-XIX, pero la obra desborda los límites de una genealogía penal, más bien es una genealogía de la moral moderna a partir de una historia política de los cuerpos[5]. Introduce en esta obra un elemento muy interesante: las relaciones poder-saber (el poder crea saber y este da lugar a relaciones de poder y las legitima), mostrando así el origen disciplinario de las ciencias humanas y estudiando su configuración a partir de la reestructuración del sistema penal. Se analiza aquí el cómo del poder, captando sus mecanismos desde dos puntos de relación, dos límites: las reglas del derecho -que delimitan formalmente el poder- y los efectos de verdad que este poder produce, transmite y que a su vez reproduce. Nos encontramos así con el triángulo: poder, derecho y verdad-saber.



Foucault aclara la pretensión de que su obra ‘debe servir de fondo histórico a diversos estudios sobre el poder de normalización y la formación del saber en la sociedad moderna’. En cuanto al método de investigación, no se limita al estudio de las formas sociales desde un punto de vista general, así se corre el riesgo por ejemplo de considerar los procesos de individualización de las penas como un inicio de la suavización punitiva en las mismas cuando, como veremos, es un efecto de la nueva táctica de poder y los nuevos mecanismos penales para que sean más eficaces y económicos. Para realizar su trabajo se centra en el modelo francés y hace uso de las siguientes reglas de estudio:



1- No centrar el estudio de los mecanismos punitivos en sus únicos efectos represivos, en su único aspecto de sanción, sino reincorporarlos a toda una serie de efectos positivos que pueden inducir, incluso si son marginales a primera vista. Considerar, por consiguiente, el castigo como una función social compleja.

2-Analizar los métodos punitivos no como simples consecuencias de reglas de derecho o como indicadores de estructuras sociales, sino como técnicas específicas del campo general de los demás procedimientos de poder. Adoptar en cuanto a los castigos la perspectiva de táctica política.

3- No separar para el estudio la historia del derecho penal y la de las ciencias

14 sept 2008

ESPINOZA

DOSSIER
GILLES DELEUZE

ESPINOZA. 1980. DICIEMBRE



Para designar un nuevo concepto, ahora ustedes utilizan una palabra muy común, será igualmente un coqueteo, simplemente esa palabra común tomará implícitamente un sentido de hecho nuevo; luego la convertirá en una palabra nueva. Les he hablado la vez anterior de ese filósofo que ha tenido una gran importancia durante el renacimiento: Nicolas de Cusa. El creo una especie de palabra-valija, contamino dos palabras latinas, ¿por qué? Es una buena creación verbal. El decía que el ser de las cosas es el possest, es una palabra inexistente, él la ha creado. Filosóficamente es un triunfo. Possest esta compuesta de posse que es el infinitivo del verbo poder, y est, que es la tercera persona del verbo ser en el presente: él es. Contamina las dos y eso da possest. El possest será precisamente la identidad de la potencia y del acto por el que defino algo. Entonces ya no defino algo por su esencia, lo que ella es, lo definiré por esta noción bárbara, el possest, lo que ella pueda. Literalmente, lo que puede en acto.

Eso quiere decir que las cosas son potencias. Lo que no quiere decir simplemente que tienen potencia, se reducen a la potencia que tiene, tanto en acciones como en pasiones. Entonces, si usted compara dos cosas, ellas no pueden lo mismo, pero la potencia es una cantidad. Entonces, ustedes tendrán gracias a esta potencia muy especial -pero ¿comprenden los problemas que esto plantea?: la potencia es una cantidad, de acuerdo, pero no es una cantidad como la longitud. ¿Es una cantidad como la fuerza? ¿quiere decir que el más fuerte la lleva? Muy dudoso. Primero, habría que definir esta cantidad que se llama fuerza, no son cantidades como las que conocemos. Yo se que no es una cualidad, pero no es una cantidad como las llamadas extensivas. Entonces, aún si es una cantidad intensiva, es una escala cuantitativa muy especial, una escala intensiva. Eso quiere decir que las cosas tienen más o menos intensidad. Lo intensivo de las cosas sería lo que reemplaza su esencia, definiendo la cosa en sí misma. ¿Esta sería su intensidad? Comprendan el lazo con la ontología: entre más intensa es una cosa, más precisamente es esa su relación con el ser. La intensidad de la cosa es su relación con el ser. ¿Se puede decir todo esto?

Ustedes ven el contrasentido que se está evitando. Si hay algo que la formula "la potencia es la esencia misma" no quiere decir, si hay algo que esta formula no quiere decir, es: lo que cada uno quiere es el poder. Vemos lo que Espinoza nos dice, o Nietzsche después, lo que las cosas quieren es la potencia. El poder no tiene nada que ver. Eso no quiere decir que la potencia sea objeto de la voluntad. Yo quisiera intentar desarrollar el por qué esta historia de conversión es tan importante, allí donde las cosas ya no están definidas por una esencia cualitativa, el hombre animal razonable, sino que están definidas por una potencia cuantificable. Estoy lejos todavía de saber qué es lo que es esa potencia cuantificable, pero intento llegar a saberlo pasando como por una especie de ensueño sobre el ¿en qué es importante, prácticamente importante? prácticamente cambian muchas cosas si me intereso por lo que puede algo, por lo que puede la cosa. Es muy diferente de aquellos que se interesan por lo que es la esencia de la cosa. No es la misma manera de ser en el mundo. Pero yo quisiera mostrar esto para un momento preciso de la historia del pensamiento.

Ha habido un momento muy importante, o una tradición muy importante en la cual es es muy difícil ubicarse. Es una historia que concierne a lo que se ha llamado el derecho natural. Y esta historia concerniente al derecho natural, hoy en día, nos parece superada, se la trata como una teoría que duro hasta Rousseau, pero hoy en día ya nadie se interesa por eso. Pasamos del lado de las cosas, y de eso por lo que la gente se han confrontado teóricamente, pasamos de lado de todo lo que es importante en una cuestión histórica. Van a ver ustedes por qué esta verdaderamente en el corazón del estadío en el que estoy. La teoría del derecho natural ha sido la colección de la mayor parte de las tradiciones de la antigüedad y el punto de confrontación del cristianismo con las tradiciones de la antigüedad. Para esta concepción clásica del derecho natural hay dos nombres importantes, de una parte Cicerón que recoge en la antigüedad todas las tradiciones, platónica, aristotélica, y estoica, sobre el sujeto. Hay una especie de presentación del derecho natural en la antigüedad que tendrá una gran importancia. Es en Cicerón que los filósofos y los juristas cristianos tomarán, o se hará esta especie de adaptación del derecho natural al cristianismo, principalmente en Santo Tomas. Entonces, tenemos una especie de línea histórica que puedo llamar, por comodidad, la línea del derecho natural clásico, antigüedad-cristianismo. Ahora bien, ¿que es lo que llaman derecho natural?
En general, yo diría esto, que en toda esta concepción, lo que constituye el derecho natural, es lo que es conforme a la esencia. Hay muchas proposiciones en esta teoría clásica del derecho natural. Quisiera que ustedes retengan estas cuatro proposiciones básicas que estarían en la base del derecho natural clásico.

Primera proposición: una cosa se define por su esencia. El derecho natural es, entonces, lo que es conforme a la esencia de algo. La esencia del hombre es animal razonable, eso define su derecho natural, más aún, ser razonable, es la ley de su naturaleza. La ley de naturaleza interviene aquí, entonces, referencia a las esencias.

Segunda proposición: entonces, el derecho natural no puede remitir, y esto es muy fuerte en la mayor parte de los autores de la antigüedad, el derecho natural no remite a un estado que se supondría que precede la sociedad. El estado de naturaleza es el estado conforme a la esencia en una buena sociedad. Se llamará una buena sociedad a una sociedad donde el hombre puede realizar su esencia. Entonces, el estado de naturaleza no está antes del estado social, el estado de naturaleza es el estado conforme a la esencia en la mejor sociedad posible, es decir la más apta para realizar la esencia. He aquí la segunda proposición del derecho natural clásico.

Tercera proposición: lo primero es el deber. Solo tenemos derechos en tanto que tenemos deberes. Políticamente esto es muy práctico. En efecto, ¿qué es el deber? Tenemos aquí un concepto de Cicerón que es muy propio de los latinos, e indica esta idea del deber funcional. Los deberes de función, es el término officium, y uno de los libros más importantes de Cicerón en lo que concierne al derecho natural, es un libro titulado "De Officii", respecto a los derechos funcionales. ¿Por qué es primero el deber en la existencia? Es que el deber son precisamente las condiciones bajo las cuales yo puedo realizar mejor la esencia, es decir tener una vida conforme a la esencia, en la mejor sociedad posible.

Cuarta proposición: implica una regla práctica que tendrá una gran importancia política. Podríamos resumirla bajo el título: la competencia del sabio. ¿Quién es el sabio? Es aquel que es singularmente competente en las búsquedas que conciernen a la esencia, y todo lo que eso implica. El sabio es el que sabe que es la esencia. Entonces hay un principio de competencia del sabio, porque el sabio nos dirá cual es nuestra esencia, cual es la mejor sociedad, es decir la sociedad más apta para realizar la esencia, y cuales son nuestros deberes funcionales, nuestros officia, es decir bajo que condiciones podemos realizar la esencia. Todo esto es la competencia del sabio. Y a la pregunta ¿qué pretende el sabio clásico? Hay que responder que el sabio clásico pretende determinar cual es la esencia, y entonces deriva de allí todo tipo de tareas prácticas. De ahí la pretensión política del sabio.

Entonces, si resumo esta concepción clásica del derecho natural, de golpe ustedes comprenden porque el cristianismo va a estar muy interesado por esta concepción antigua del derecho natural. El cristianismo lo integrará en lo que llama la teología natural, y hará de este una de sus piezas fundamentales. Las cuatro proposiciones se concilian inmediatamente con el cristianismo. Primera proposición: las cosas se definen y definen sus derechos en función de su esencia. Segunda proposición: la ley de naturaleza no es pre-social, ella está en la mejor sociedad posible. Es la vida conforme a la esencia en la mejor sociedad posible. Tercera proposición: lo primero son los deberes sobre los derechos, pues los deberes son las condiciones bajo las cuales usted realiza la esencia. Cuarta proposición: entonces hay competencia de alguien superior, sea la iglesia, sea el príncipe o sea el sabio. Hay un saber de las esencias. Entonces el hombre que sabe las esencias será apto para decirnos al mismo tiempo como conducirnos en la vida. Conducirse en la vida sería justificable de un saber, a nombre del cual yo no podría decir si está bien o si está mal. Habría entonces un hombre de bien, sea de la manera que sea determinado, como hombre de Dios o como hombre de la sabiduría, que tendrá una competencia. Retengan estas cuatro proposiciones.

Imaginen una especie de voz atronadora, un tipo llega y dice: no, no, no, y en un sentido es igualmente lo contrario. Simplemente el espíritu de contradicción no funciona. Es necesario tener razones, aún secretas, es necesario tener razones muy importantes para invertir una teoría. Un día alguien llega y hace un escándalo en el dominio del pensamiento, es Hobbes. El tenía mala reputación. Espinoza lo ha leído mucho. Y he aquí lo que nos dice Hobbes: primera proposición de Hobbes: eso no es así; dice que las cosas no de definen por una esencia, se definen por una potencia. Entonces el derecho natural es, no lo que es conforme a la esencia de la cosa, es todo lo que puede la cosa. Y en el derecho de algo, animal u hombre, todo lo que el puede. En su derecho está todo lo que puede. En ese momento comienzan las grandes proposiciones del tipo: pero los peces grandes se comen a los chicos. Es su derecho natural. Si usted encuentra una proposición de este tipo, usted ve que esta firmada Hobbes, en el derecho natural es donde el pez grande se come al chico. El riesgo es pasar de largo, no se comprende nada si se dice: ¡Ah, bueno!, es así. Diciendo que está en el derecho natural del pez grande comerse al chico, Hobbes lanza una especie de provocación que es enorme, puesto que lo que hasta ahí se llamaba el derecho natural, era lo que es conforme a la esencia, y entonces el conjunto de las acciones que estaban permitidas a nombre de la esencia. Aquí, permiso toma otro sentido: Hobbes nos anuncia que está permitido todo lo que se puede. Todo lo que usted puede está permitido, es el derecho natural. Es una idea simple, pero es una idea que es turbadora. ¿A dónde quiere llegar? Llama a eso derecho natural, todo el mundo sabe, desde siempre, que el pez grande se come al chico, pero nadie había llamado a eso derecho natural, ¿por qué? Porque la palabra derecho natural se reservaba para otra cosa: la acción moral conforme a la esencia. Hobbes llega y dice: derecho natural igual potencia, entonces lo que usted puede es su derecho natural, en mi derecho natural está todo lo que puedo. Segunda proposición: entonces, el estado de naturaleza se distingue del estado social, y teóricamente lo precede. ¿Por qué? Hobbes se apresura a decirlo: en el estado social, hay restricciones, hay prohibiciones, hay cosas que puedo hacer pero están prohibidas. Eso quiere decir que no es el derecho natural, es el social. De ahí, en ese momento, la promoción de la idea de un estado de naturaleza distinto del estado social. En el estado de naturaleza, esta permitido todo lo que puedo. La ley natural es que nada prohíbe lo que puedo. El estado de naturaleza precede al estado social. Ya a nivel de esta segunda proposición, nosotros, no comprendemos nada. Creemos liquidar todo esto diciendo ¿es qué hay un estado de naturaleza? Los que dicen eso han creído que hay un estado de naturaleza. No, ellos no creen nada. Dicen que lógicamente, el concepto del estado de naturaleza es anterior al estado social. No dicen que ese estado exista. Si el derecho de naturaleza es todo lo que está en la potencia de un ser, definiremos el estado de naturaleza como la zona de esta potencia. Es su derecho natural. Es entonces instinto del estado social puesto que el estado social implica y se define por las prohibiciones sobre lago que puedo. Más aún, si se me prohíbe es que yo lo puedo. Es así como ustedes reconocen una prohibición social. Entonces, el estado de naturaleza es primero con relación al estado social desde el punto de vista conceptual. ¿Qué quiere decir eso? Nadie nace social. Social, de acuerdo, quizá se lo deviene. Y el problema de la política será: ¿cómo hacer para que los hombres devengan sociales? Pero nadie nace social. Eso quiere decir que ustedes solo pueden pensar la sociedad como producto de un devenir. y el derecho, es la operación del devenir social.
Y de la misma manera, nadie nace razonable. Por esta razón esos pensadores se oponen completamente a un tema cristiano en el que el cristianismo se sostenía igualmente, a saber el tema que es conocido en el cristianismo con el nombre de la tradición adámica. La tradición adámica es la tradición según la cual Adán era perfecto antes del pecado. El primer hombre era perfecto y el pecado lo ha hecho perder la perfección. Esta tradición adámica es filosóficamente importante: el derecho natural cristiano se concilia muy bien con la tradición adámica. Adán, antes del pecado, es el hombre conforme a la esencia, es razonable. El pecado, es decir las aventuras de la existencia lo hacen perder la esencia, su perfección primera. Todo esto se conforme con el derecho natural clásico. En tanto que nadie nace social, nadie nace razonable. Razonable es como social, es un devenir. Y el problema de la Ética quizá sea ¿cómo hacer para que el hombre devenga razonable, y no tanto cómo hacer para que una esencia del hombre, que sería razonable, se realice? Es muy diferente según que usted plantee una pregunta como esta última o como la primera, se va en direcciones muy distintas. La segunda proposición de Hobbes será: el estado natural es pre-social, es decir el hombre no nace socia, deviene. Tercera proposición: si lo primero es el estado natural, o si lo primero es el derecho, es lo mismo puesto que, en el estado natural, todo lo que puedo es mi derecho. Entonces, lo primero, es el derecho. Entonces, los deberes no son más que obligaciones segundas tendientes a limitar los derechos para el devenir social del hombre. Habría que limitar los derechos para que el hombre devenga social, pero lo primero es el derecho. El deber es relativo al derecho, mientras que, en la teoría del derecho natural clásico, es justo lo contrario, el derecho era justamente relativo al deber. Lo primero era el officium. Cuarta proposición: si mi derecho es mi potencia, si los derechos son primeros con relación a los deberes, si los deberes son solamente la operación por la cual los derechos son llevados a limitarse para que los hombres devengan sociales, se plantean todo tipo de preguntas entre paréntesis. ¿Por qué deben devenir sociales? ¿Es interesante devenir sociales? Todo tipo de preguntas que no se planteaban. Desde el punto de vista del derecho natural, lo dice Hobbes, y Espinoza retoma todo eso, desde el punto de vista del derecho natural, el hombre más razonable del mundo y elcompletamente loco, estrictamente, valen. ¿Por qué hay unaigualdad absoluta del sabio y del loco? Es una idea muy curiosa. Es unmundo muy barroco. El punto de vista del derecho natural es: mi derechoigual mi potencia, el loco es aquel que hace lo que está en su potencia,exactamente como el hombre razonable es aquel que hace lo que estáen la suya. No dicen de los idiotas, no dicen que el loco y el hombre razonableson iguales, dicen que no hay ninguna diferencia entre el hombre razonabley el loco desde el punto de vista del derecho natural. ¿Por qué?Porque cada uno hace lo que puede. La identidad del derecho y de la potenciaasegura la igualdad, la identidad de todos los seres sobre la escala cuantitativa.Seguramente habrá una diferencia entre el razonable y el loco, peroen el estado civil, en el estado social, no desde el punto de vista delderecho natural.

Minan, socaban el principio de la competencia del sabio o de la competenciade alguien superior. Y esto, políticamente, es muy importante. nadiees competente para mi. He aquí la gran idea que anima la Etica comoanti-sistema del juicio. Nadie puede ser competente para mi, ¿quéquiere decir eso? Habría que poner todo en esta frase. Estánlas venganzas, también hay un descubrimiento maravilloso: nadiepuede saber por mi. ¿Sienten lo que había de grande en estasproposiciones? Ustedes aprenden en los manuales que a partir de un ciertomomento, estaban las celebres teorías bajo el nombre del contratosocial. Las teorías del contrato social, siganme, son de personasque han pensado que la instauración de la sociedad solo podíatener un principio, el del consentimiento. Y se dice que todo eso ha sidosuperado pues no se ha consentido con estar en la sociedad. ¿Esees el asunto? Evidentemente no.

En efecto, toda esta teoría nueva del derecho natural, derechonatural igual potencia, lo primero no es el deber, sino el derecho, conducea algo: no hay competencia del sabio, nadie es competente para mi. Entonces,si la sociedad se forma, solo puede ser, de una u otra manera, por el consentimientode los que participan, y no porque el sabio me diría la mejor manerade realizar la esencia. Ahora bien, evidentemente, la substitucióndel principio de competencia por un principio de consentimiento tiene,para cualquier política, una importancia fundamental.

En las proposiciones del derecho natural clásico, Cicerón,Santo Tomas, tenemos el desarrollo jurídico de una visiónmoral del mundo, y en el otro caso, la concepción que encuentrasu punto de partida en Hobbes, tenemos el desarrollo de una concepciónjurídica de la ética: los seres se definen por su potencia.Si he hecho este largo paréntesis, es para mostrar que la formula:los seres se definen por su potencia y no por una esencia teníaconsecuencias jurídicas y políticas que presentimos.
Espinoza retoma toda esta concepción del derecho natural de Hobbes.Cambia cosas relativamente importantes, no tiene las mismas concepcionespolíticas que Hobbes. Pero sobre el punto del derecho natural, declarapermanecer siendo discípulo de Hobbes. En Hobbes, encuentra la confirmaciónjurídica de una idea que, él, Espinoza, había formadoen otra parte; idea según la cual la esencia de las cosas no seríaotra cosa que su potencia. Y esto es lo que le interesa en la idea delderecho natural.

Añado, para ser históricamente honesto, que seríaposible buscar, en la antigüedad, una corriente muy tímidadonde ya se formaba una concepción del derecho natural igual potencia.Pero será asfixiada. La encontrarán en ciertos sofistas yen algunos cínicos. Pero su explosión moderna, serácon Hobbes y con Espinoza. Por el momento, he precisado lo que podríaquerer decir los existentes distintos desde un punto de vista cuantitativo,eso quiere decir que los existentes no se definen por una esencia, sinopor una potencia, y tienen más o menos potencia, y su derecho, serála potencia de cada uno. El derecho de cada uno será la potenciade cada uno. Ellos tienen más o menos potencia
.
Hay entonces una escala cuantitativa de seres, desde el punto de vistade la potencia. Habría que pasar a una segunda cosa, a saber lapolaridad cualitativa de los modos de existencia, y ver si uno deriva delotro. El conjunto nos daría un inicio de visión coherentede lo que se llama una ética... fin de la cinta y de la primeraparte.

14 jun 2008

APARATO IDEOLOGICO DEL ESTADO

León Rozitchner

NOTA RELACIONADA
Louis Althusser: Ideología y aparatos ideológicos del Estado

Descargar obras de Pensamiento Critico
Hosted by eSnips

Notas escritas en 1993 sobre el libro de Althusser: "L'avenir dure longtemps" ("El futuro tarda mucho en llegar", sería su traducción libre, o quizás "El futuro existe desde hace mucho tiempo", o "Lo por venir viene desde antaño", o más simple y directo: "El porvenir dura mucho tiempo") publicado en abril de 1992.

Comienzo

El althusserianismo arrasó sobre fondo de las interpretaciones "vulgares" del marxismo. Lo "aggiornó" desde la óptica "estructuralista" y pareció conferirle su certidumbre científica más acabada. Pero era extrañamente el suyo un marxismo sin sujeto, donde los hombres aparecían sólo como soportes de las determinaciones sociales: no se elaboraba nada en ellos. Y si el sujeto, el sujeto pensante, no era activado en la teoría, ¿cómo podría desde esa negación reconocer la propia realidad histórica que era la suya, puesto que se trataba de una teoría que tenía consecuencias en su aplicación política?

Así como Regis Debray nos trajo las teorías y las fantasías revolucionarias europeas para orientar con ellas la lucha en la Latinoamérica cholula, como si nosotros no fuéramos capaces de pensar nada, Althusser más tarde incidió con su abstraccionismo científico en la concepción de la lucha política, y también en la Argentina. Los "Montoneros", por ejemplo, publicaban sus artículos teóricos, donde a la teoría científica se la separaba radicalmente de la ideología: bastaba solamente con un corte, el epistemológico, e introducía así en la escisión de clases sociales colectivas la escisión del sujeto en la teoría. Pero el corte teórico no impedía, sin embargo, que cada uno pensara desde lo más propio así excluido, y sostuviera sus delirios y sus fantasías sin saberlo, aunque las pusiera en juego como fundamento inconsciente en la práctica política, pese a sostuviera en la teoría un pensamiento que se quería científico. No digo que el fracaso político de quienes sostenían sus teorías fuera por culpa de Althusser. Digo que contribuyó a no pensar nuestra realidad inmediata, en la que cada uno como sujeto estaba incluido, más allá de las ilusiones teoricistas. Martha Harnecker escribió la Vulgata althusseriana, un pedante catecismo, que Althusser crítica en sus memorias, pero se complace sin embargo por los millones de libros vendidos que le dieron influencia sobre nuestro Tercer Mundo, y lo hicieron conocido. Aunque contribuyeran al fracaso.

Tránsito

No queremos ensañarnos con su tragedia y su locura, seríamos muy miserables si algo de eso se filtrara en nuestra nota. Pero su libro forma parte todavía, para nosotros, de un debate histórico que va más allá del respeto o el silencio que correspondería mantener frente a su tragedia. Es el suyo un libro muy terrible y desolado por sus verificaciones "póstumas", un sobreviviente vivo de su propia muerte. Mientras escribíamos esto, en su momento, se nos estrujaba el alma siguiendo su relato. Pero al mismo tiempo mi lectura se inscribe sobre fondo de tantas otras tragedias que una teoría filosófica como la suya, antes del asesinato de su mujer Helena, pudo haber producido sobre la generación de jóvenes que lo leían excluyendo al sujeto, es decir a sí mismos -las fantasías, los afectos, los fantasmas que sin embargo determinaban, más allá de la "ciencia" histórica, sus desoladoras prácticas políticas. Esto es lo que queremos discernir en la obra de Althusser y la transformación que sufre su teoría luego de ese acontecimiento trágico. Cuando los contenidos que él había denominado "ideológicos", (y ahora se comprende por qué estaban tan tenazmente excluidos de la teoría) pasan a ocupar el primer plano desplazando a la verdad de la ciencia.

Pero lo que más me ha conmovido de su escritura son las 800 páginas del libro de cartas escritas a su amante Franca, donde esplende un Althusser desconocido, oculto tras su reflexión teórica: un hombre lleno de pasión y de ternura, donde resplandece, inesperada, una escritura privada, clandestina, llena de la más conmovedora poesía. Ese Althusser fue ignorado luego de su muerte. Entre nosotros, ninguno de los que fueron en su momento althusserianos, al menos de los que yo conozco, rezó un responso a su memoria y sacó las conclusiones teóricas de este costoso descubrimiento final de su vida.

El debate inconcluso

Lo que se debate en la tragedia de Althusser tiene una importancia capital, tanto práctica como teórica. Para explicarnos tenemos que hacer un ligero desvío y pensar cuáles son los dilemas del marxismo. Para decirlo en pocas palabras: la obra de Marx inauguró un nuevo abordaje histórico para dar cuenta de la lógica del capitalismo. Esta lógica se sintetiza en el primer capítulo del Capital, donde se traza, primero, la secuencia racional diacrónica que lleva desde el trueque hasta la creación social del equivalente general, que culmina en el valor puramente abstracto del papel moneda, donde la relación con el valor de uso queda trunca y radicalmente excluida del signo abstracto que lo cuantifica. Pero este esquematismo lógico se hace comprensible, históricamente, como lo esboza en los Grundrisse, en las llamadas "Formas económicas que antecedieron al capitalismo", donde traza la lógica de los múltiples formas de producción que le precedieron, el proceso histórico que, a través de sucesivas y múltiples culturas, desde el comienzo de la historia, pero leída desde su término, fueron las condiciones de su posterior existencia.

Estos análisis, que podríamos denominar "horizontales", o diacrónicos, formas históricas que se imbrican en una lógica inmanente, no son sin embargo suficientes, pensamos, para plantear la radicalidad histórica de una ciencia. Porque habría que introducir en su método, para completarla, el acceso de los individuos a esa misma historia. Es decir, un análisis "vertical", que el concepto de sincronía no agota, y que está ausente en el marxismo tradicional: la historicidad que transitó el individuo para constituirse como sujeto de esa historia. Si el sujeto está estratificado en el proceso personal e histórico que lo lleva desde el nacimiento hasta constituirse en adulto, y esto lo escinde dentro de sí mismo y lo organiza con lógicas diferentes, entonces comprender que los distintos tiempos de las múltiples formas que al sucederse lo constituyeron como sujeto humano es una condición ineludible para comprender la historia. Si no radicalizamos el conocimiento de este acceso -la historia subjetiva- que se da necesariamente en cada uno de nosotros, ¿podríamos acceder a un conocimiento cabal del sistema social que pretendemos comprender teóricamente sin proyectar, inconscientes, sobre las categorías con las que lo pensamos también nuestras fantasías y nuestros fantasmas y aún nuestros sueños? Y sobre todo: este conocimiento necesario para discernir los límites y la posibilidad de transformar la historia ¿no exige transformar previamente el conocimiento que tenemos de la propia historia, es decir de cada uno de nosotros mismos? En pocas palabras: la ciencia debe poner de relieve la ideología inconsciente que la sostiene como presunto saber verdadero y objetivo. [Desde aquí podrían extraerse otras conclusiones, diferentes al parcial y metafísico planteo de Heidegger, sobre la ciencia y la técnica].

El fundamento de uno de los aparatos ideológicos del Estado lo describe Freud como complejo de Edipo. Freud, creemos, a quien Althusser incluye a su manera, la lacaniana, en su teoría, plantea los límites de la razón con la crítica más radical a los límites de la conciencia, "lugar" donde el conocimiento se elabora. Pero conciencia escindida de un cuerpo que se escinde. En pocas palabras: la conciencia, campo de traslucidez y transparencia, lugar donde también la ciencia se elabora, sin embargo no tiene conciencia del fundamento histórico que la produjo como conciencia. La conciencia no incluye en el saber el conocimiento de su propio origen. Este acceso subjetivo discernido en la teoría es un saber necesario para acceder a la "verdad" objetiva e histórica: debe incluir en ella la historia del sujeto que la piensa.

Primera consecuencia teórica de la tragedia

Althuser mismo, pocas páginas después de describir vívidamente la escena del asesinato, saca las primeras y más importantes consecuencias. Dice en el comienzo de su libro:

"Advierto: lo que sigue no es ni un diario, ni memorias, ni autobiografía. Sacrificando todo el resto, quise solamente retener el impacto de los afectos emotivos que han marcado mi existencia y le han dado su forma: aquella en la que me reconozco y pienso que podrán reconocerme (…) para hacer resaltar a través del encuentro de los tiempos aquello que constituye durablemente las afinidades fundamentales y diferenciadas de los afectos alrededor de los cuales, por así decirlo, me constituí.

"Este método [luego de su tragedia] se me impuso naturalmente: cada uno lo juzgará por sus efectos. De la misma manera que podrá juzgar por sus efectos la incidencia poderosa en mi vida de ciertas formaciones violentas que en otro tiempo llamé Aparatos ideológicos del Estado (AIE) y a los cuales no pude, ante mi propia sorpresa, dejarlos de lado para comprender lo que me sucedió" .

Althusser desgrana el fundamento "ideológico" oculto tras su elaboración científica. Recién luego de la locura y el asesinato de su mujer pudo reconocer en su teoría, y por su cruel experiencia, a ese sujeto ignorado y rechazado que era él mismo. Comprendió que el aparato ideológico más importante es la familia, por lo tanto el lugar histórico fundador del sujeto humano. Pero ya era tarde.

Althusser y nosotros

Recién ahora se revela lo que la subjetividad encubierta, la que sostenía la estructura sin sujeto, mantenía en secreto: la subjetividad reprimida y dejada tajantemente de lado en su teoría por Althusser. Es conmovedora toda esta densidad de vida ignorada pero activa, lo más rico, enterrada con su savia más nutriente, con sus impulsos más imperativos, con su sabiduría más compleja. Lo más recóndito aflora ahora, turbulentamente, luego de haber atravesado el muro de la muerte.

Y extrañamente viene a confirmar en forma tardía, para los que ya lo presentíamos, el núcleo de la determinación más férrea que surte sus efectos más hondos en la política: la producción de hombres en la familia. La familia, nos dice ahora, es el aparato ideológico más siniestro del Estado. Y agrega a las tres heridas narcisistas sufridas por el hombre que menciona Freud, (Galileo, Darwin y lo inconsciente) una que él llama "cuarta", una más pues, que sería "todavía más hiriente, pues su revelación es absolutamente inaceptable para cada uno (pues la familia es para toda época el lugar mismo de lo sagrado, por lo tanto del poder y de la religión), y la realidad irrefutable de la Familia aparece entonces como el más poderoso de los aparatos ideológicos del Estado". [Subrayado nuestro]. Como si lo inconsciente, su núcleo fundamental, no se generara en ese lugar fundacional que es la producción familiar de hombres, sostenido por el cuerpo de la madre y el "espíritu" del padre. Como si estuviera agregando algo nuevo, cuando en realidad esto que es nuevo para él, y que bautiza como novedoso para todos, es lo que Freud elaboró con el complejo parental cuyo modelo era Edipo. Pero un Edipo bien comprendido del que resulta la forma de dominación más primitiva. El Edipo aparecía ya en Freud como el núcleo determinante, arcaico, de toda actividad social, y por ende religiosa y política. Y que algunos argentinos sabíamos desde mucho antes, porque habíamos leído en la Ideología alemana que en la familia ya estaban implícitas las relaciones de dominio.

Es extraño que se haga tan el inocente, y de pronto descubra para sí lo original, ese original que sólo lo es para él, como si tuviera por ese solo hecho que serlo también para todos los hombres del mundo. Esta pretensión infatuada también formaba parte de la escisión del sujeto en la teoría. Es esta suficiencia, pretenciosa hasta el extremo límite, la que lo hace a uno distanciarse por momentos de su texto, de lo que podría decir de interesante si no se jugara, y se sintiera circular continuamente, esta pedantería del alma, esta reivindicación de sí mismo -nos confiesa- como "padre de padres" cuando su talla sería la de un hermano más que quiere, absurdamente, por ser el más dotado, ocupar ese lugar separado y divino para distanciarse. Lo que él dice aspira a ser la refutación de todo lo anteriormente pensado y a tener un carácter de verdad que no se apoya sólo en el hecho de comunicar algo que él piensa, sino que ese pensamiento significa la refutación de todo lo que él no pensó antes. Y así se crea sus propios fantasmas refutables, la propia interpretación actual de lo que niega, como adecuada a su dogmática afirmación pasada.

Sus confesiones

Lo que habría que leer entonces, como descubrimiento último que niega toda su teoría, son las páginas de su autobiografía donde encuentra por fin el fundamento del poder despótico en la subjetividad, por lo tanto el asiento político del poder fundamental, que permanecía en él como el núcleo ciego, enceguecido. Pero lo más terrible: enceguecido para su planteo político, ese que tanto influyó en el fracaso de la política de izquierda.

Lo que en síntesis dice Althusser es lo siguiente: de todos los lugares humanos donde el poder absoluto se engendra y se mantiene, el de la familia quizás es el más importante. Tiene entonces, pensamos, preeminencia sobre la economía y la política. En ella se producen las marcas sociales más profundas. En la experiencia infantil (Edipo) se organiza el núcleo fundamental del proceso primario, lo arcaico, que permanece inconsciente en el seno de las posteriores relaciones adultas. Estas formaciones adultas, conscientes, son las únicas que la política "revolucionaria" conoce. La derecha sin embargo lo sabía desde siempre: ella sí actualiza todos los poderes que se asientan en lo arcaico y los ratifica en el mismo nivel de su arcaísmo presente en el psiquismo del adulto. Están reorganizados y ratificados como ciertos para que el poder del Estado pueda ejercer sin dificultad su designio.

Intermedio crítico

¿Pero en serio él dice esto, o soy yo quien lo interpreta así? Althusser no habla de proceso primario, y ni siquiera sé si cuando aborda la ideología como religión piensa en algo más que en ideas, pese a que señale la materialidad de la ideología, en este caso la de la religión judía, reafirmando la "materialidad de su existencia misma" ("relación entre la ideología del pueblo judío y su existencia material en el templo, los sacerdotes, los sacrificios, las observancias, los rituales, etc". Sin embargo una de esas formas primaria, que Althusser reconoce, la verifica en la propia experiencia de la acumulación insaciable. Las reservas de la cuantificación: reservas podridas. Reserva de zapatos, cuenta: más de cien pares. Reserva de dinero, no dice cuánto. Y reserva de mujeres y reserva de amigos. Una billetera llena de mujeres: "Para no encontrarme un día solo sin ninguna mujer al alcance de mi mano" . Mujer amonedada. (+)

La izquierda debería transformar algo que hasta ahora ha sido inabordable para la política, pero que sin embargo sólo ella, y desde allí, se podría enfrentar: lo arcaico nuevamente jugado y actualizado de otro modo en los lazos sociales adultos que ella podría engendrar. Todo se cierra aquí, y resplandece, en el neoliberalismo, con su más profunda verdad.

Mi mamá me ama

Primero habla de las madres. Toda la historia de Louis y de Helena está allí. La madre de Helena esperaba un niño, y en cambio llegó ella: se le cortó la leche, y nunca la madre defraudada la tuvo en sus brazos, la odiaba por haber hecho fracasar su "deseo", dice Althusser . Otra vez las madres terribles, implacables, deciden el destino de hombres y mujeres. Pero será de su madre desde donde Althusser define la materia como oposición a ella.

Althusser dice: "Los más grandes filósofos nacieron sin padre", lo cual quiere decir que "los más grandes", como él, sólo tuvieron madre. Tampoco Cristo tuvo padre, salvo el que está en los cielos. Abraham también nació sin padre, seguramente. Pero depende qué lugar, recreado, se abre desde allí. En Althusser esta absolutización tiene otra vuelta, que es la religiosa: (¿igual que Abraham?) jugó al "padre del padre", es decir ocupó imaginariamente el lugar del poder absoluto de la primera infancia. Falto de padre, también este filósofo que negó el suyo, no sólo recrea para sí su lugar faltante, otro padre, sino que él mismo se convierte en el creador absoluto de padres: Padre de padres, dice de sí mismo. Dios-padre. ¿No era ese en realidad el sueño de la madre el que Althusser realiza a costa de sí mismo? ¿ Cómo hacer para entenderse con un cuerpo de madre si ella deposita en él la teoría (el deseo de abstracción, "el ideal teórico") del uso de la mater, de la materia digo?

El deseo de su madre en la teoría científica

La práctica teórica: "ponía fin al desgarramiento entre mi ideal teórico, brotado del deseo de mi madre, y mi propio deseo que había reconocido y conquistado en mi cuerpo, mi deseo de existir para mí, mi propia manera de existir ". "No es por azar si pensé, en el marxismo, toda categoría bajo la primacía de la práctica, y propuse esta fórmula de la práctica teórica, fórmula que llenaba mi deseo de compromiso entre mi deseo (especulativo, teórico, salido del deseo de mi madre) y mi propio deseo que "hantaient (obsedía) ) no tanto el concepto de práctica, sino mi experiencia y mi deseo de la práctica real, de contacto con la materia (física y social), y de su transformación en el trabajo (obrero) y la acción (política)" .

Al considerar este capítulo, me encuentro ante varios interrogantes: ¿ese deseo de abstracción materno anulaba la marca de su cuerpo sensible, la más primaria, de la madre en el suyo? ¿El deseo por la abstracción suprema que la madre había depositado en él caía fuera de su cuerpo, de la "práctica" práctica sin teoría que enlazaba su cuerpo con el suyo desde el origen mismo de su vida? ¿El concepto de materia, en el materialismo, no supone actualizar la relación con la mater como experiencia fundante? Entonces habría varios conceptos de materia como madres existen.

El creía recuperar su cuerpo incluyendo en el deseo de la madre, puro, teórico, racional sin cuerpo por lo tanto, su propia materialidad desbordante de deseo sensual, contrariando el de ella. Le agrega al cuerpo teórico de la madre el cuerpo caliente, práctico, del hijo. Y forja así un concepto que resuelve la contradicción: el concepto de práctica teórica. La práctica cae del lado del hijo, la teoría del lado de la madre, y Althusser intenta unificarlas. Pero la práctica teórica implica un corte respecto de la práctica material del pensar, que parecería que tiene que diferenciarse de las otras prácticas, como si el término "praxis" no implicara una transformación que se realiza sobre fondo de poner en juego la estructura personal. (Reconoce en el campesino una práctica profundamente teórica, casi politécnica sin embargo). La materia de la práctica no es la teoría como objeto ni la política como objeto sino que encierra algo más fundamental: la relación de transformación que vive el sujeto en su relación con los objetos, sean éstos cuales fueren.

La noción de praxis no recae sobre el objeto, sino sobre todo en el sujeto cuya modificación implica la posibilidad de ver, al modificarse a sí mismo, la realidad de otro modo. La práxis no se define entonces por su polo objetivo, por la "cosa" que se trabaja, sino por la transformación del sujeto que se relaciona con los objetos, sean teóricos o políticos (y hasta artesanales). Agregaríamos, siguiendo su lenguaje: por la transformación no sólo de los objetos-objetivos -los conceptos- sino por la transformación fundamental de los objetos-objetales, subjetivos, que se ponen en juego.Y eso es lo que tiene en cuenta Marx desde el comienzo de su planteo, por ejemplo en las "Tesis sobre Feuerbach", que el mismo Althusser considera como el momento en el que Marx produce su ruptura con el joven que fue hasta entonces.

De allí resulta que Althusser crea que al recuperar su cuerpo adulto sexuado, con el que complemente el cuerpo teórico de la madre, recuperó la materialidad que es el fundamento último de su subjetividad. Pero esa materialidad misma estaba trabajada ya por el cuerpo de la madre, que él deslinda, por ese corte fundamental que excluye al sujeto como lugar del propio deseo que atraviesa y da sentido a la materialidad misma como el asiento de la escisión y de la contradicción. Esa materialidad dividida de su propio cuerpo escindido es la materialidad contradictoria que la práctica teórica pretende resolver en la teoría recuperando y prolongando el cuerpo del deseo.

La solución inestable

Pero la contradicción de su deseo, del deseo inscripto en su cuerpo, no era modificado por el hecho de esa creación práctica teórica: permanecía como cuerpo escindido debatiéndose entre el odio al cuerpo frío de la madre, lleno de deseos teóricos, y el amor al cuerpo primero cálido de la madre, objetivado en el amor a Helena y el odio a Helena, alternante en su vida, entre la depresión y la manía, entre el amarla y darle muerte, entre la vigilia coherente de la teoría y el sueño despierto en el acceso de la locura. Su objeto-objetal no había sido alcanzado en la práctica- práctica de su relación vivida con la práctica-amorosa, no sólo la teórica que de ella deriva.

Es porque Althusser no resolvió, no pudo, no podía, y no por cobardía, sino porque quizás nunca se lo pueda resolver a partir de esa ecuación trágica que fue la suya. Porque para poder pensar en la práctica-práctica hubiera tenido que pasar la muralla de la separación con Helena, que era y no era su madre, pero que contenía en sí mismo tanto a la Helena amada como a la madre que impedía que pudiera amarla, unificarse en el amor como la teoría con la práctica como lo había logrado en la filosofía. Ese lugar de la madre, su cuerpo, su materialidad prolongada y animando con su contradicción asumida el propio deseo de ella depositado en él, desde esa materialidad -que Althusser presenta, viniendo del horror, como la prueba de su materialidad filosófica- desde esa materialidad no podía pensar esa otra materialidad de la que hablaba y vivía Marx (y otros con él). Porque esa materialidad -y él no lo podía "saber"- vuelve a escindir en la teoría, en la práctica teórica, otra vez al sujeto, como mero soporte material de un sentido histórico que se elabora en él, pero que él no puede modificar. Y entonces el sujeto pudo aparece así, en su teoría, devaluado, empobrecido, como mero soporte de una determinación que lo cautiva.

Esta distancia entre lo que Althusser descubre como el propio asiento corporal subjetivo es la distancia de una subjetividad cuya materialidad está todavía separada, escindida: una materialidad esquizofrénica que permanece ignorada para él cuando habla como teórico, pero no cuando tan patética y dolorosamente describe la tragedia pavorosa de su vida, y la de su tan amada -y tan odiada Helena. Es desde esa materialidad de la práctica-teórica que pudo antes considerar en la teoría -entes de que surgiera de pronto la práctica práctica de su acceso psicótico, sin teoría- a los sujetos sociales como meros soportes, sin incluir la subjetividad en el enfrentamiento histórico por el poder.

Porque no había superado al padre tampoco en la teoría, a la cual llenaba con el deseo de su propio cuerpo, -poniendo el suyo propio a cambio del cuerpo despótico de la madre- para darle contenido . Porque aún allí el padre despótico, terrible y amenazante desde la mirada de la madre, seguía predominando, pero desde un cuerpo deseoso de teoría. Althusser repite incansablemente que él era "el padre del padre" para cada discípulo con el que se relacionaba teóricamente: el despotismo materno que vació ese sitio y lo llenó con su deseo "teórico" también atravesaba su teoría: ese padre concebía hijos teóricos. Y nos confiesa la transformación de ese padre negado en otro superlativo que él mismo crea: no ya hermano entre los hermanos descubierto en una nueva alianza fraterna con sus pares, sino Padre por encima de los padres: la soberbia y la creencia religiosa católica de la cual se desprendió tardíamente -¡ en el 48 , a los 36 años!- anidaba allí. Y podría deducirse, hilando fino ese párrafo de la pág. 208 de su autobiografía, que a lo físico natural correspondía la clase obrera y el cuerpo social correspondía a la política: "del contacto con la materia (física o social), y de su transformación en el trabajo (obrero) y la acción (política)". Para él la filosofía era ya acción política, la praxis material social, pero a la praxis obrera se la remitía, así me parece, a la mera práctica física. Si nó, no podría haber asignado el mero carácter de soportes a los individuos de las clases sociales, ideológicos, determinados como estaban. Pero no como él, ya que serán los teóricos, los filósofos, desde la praxis teórica, quienes establecerán para estos individuos ideológicos, sujetos de la Revolución, las tareas que les fija la estructura social cuyo saber sólo ellos tienen.

"Pero esta fórmula, 'pensar es producir', está ya en Labriola. Nadie se dió cuenta de esto, pero ¿quién había leído a Labriola en Francia?"). Otra vez la soberbia althusseriana, el padre de padres, que tiene la verdad en Francia. Con la misma vehemencia podríamos decirle que quizás otros, en Buenos Aires hasta quizás podían también haberla tenido sin conocer a Labriola, y quizás comprenderla en el mismo Marx o en Freud de una manera más profunda y adecuada. Al menos para comprender esto que decimos más arriba: que la mera producción del pensamiento con ser productiva no es praxis todavía, porque requiere poner en juego las condiciones subjetivas (su relación con los objetos-objetales), y su superación subjetiva, en esa producción que se alimenta con otras producciones más elementales de la vida, sin resolver las cuales no hay práctica verdadera en la teoría, por más que se la reconozca como una práctica específica. Pero allí no reside su especificidad, sino en lo que plantea respecto de las trampas de la propia subjetividad que se ve enfrentada y comprendida.

El cuerpo como hogar del pensamiento

Esto resulta de la concepción del cuerpo propio, el de sí mismo, en Althusser: "Que se pueda así disponer de su propio cuerpo, y retirar de esta apropiación con qué pensar libre y fuertemente, por lo tanto específicamente (proprement) pensar con su cuerpo, en su mismo cuerpo, de su cuerpo, en pocas palabras que el cuerpo pueda pensar, por y en el despliegue de sus fuerzas, me deslumbraba, como una realidad y una verdad que yo había vivido y que eran las mías. Tan verdadero es, que Hegel lo dijo bien, sólo se conoce lo que se reconoce".

Pero el cuerpo suyo estaba dividido en la alternancia, como dijimos antes, de un corte fundamental visible en la presencia tajante de la vida y de la muerte separadas, escindidas, esas que el terror de un corte hacía aparecer en la necesidad de internación cuando aparecía la proximidad de un nuevo amor, otra mujer no madre, que contrariaba su relación soportable-insoportable, de vida y de muerte juntas, que estaban presentes en Helena. Esta presencia arcaica de la madre cobijante del hijo estaba encarnada en Helena.

Para decir esto podemos tomar como ejemplo aquella situación en la playa, donde luego de hacer el amor desnudos con una muchacha en el mar, mientras Helena los observa desde la orilla en la que la dejaron descansando, y se acerca luego a ella y le dice: "la pesadilla ya pasó". Lo que vive en pesadilla es darle muerte a Helena y, cuerpo vivo y deseante el suyo, darse en espectáculo: matarla por el dolor que le produce. Porque al principio cree, nos confiesa, que Helena sufre no por eso que vio en la escena amorosa que él ponía ante sus ojos, sino porque -pensaba para sus adentros- él se podía ahogar y morir y producirle a ella con su muerte el mayor de los sufrimientos. El goce con otra mujer era visto desde la mirada de su madre-Helena como peligro de muerte no para ella sino para él: ella sufre su muerte al verlo vivo y deseante. Ve en Helena solo el afecto cobijante de un madre añorada que sufra ante su dolor de un hijo que, en el momento en que más vive, más muere para ella. Sólo luego de la "pesadilla" descubre que el sufrimiento de Helena, en la orilla, espectadora de esta visión cruel, era por lo que estaba viendo: que hacía impúdicamente el amor ante sus ojos con otra mujer y no con ella. Y sólo entonces, viendo sus despojos de mujer sufriente y desolada, pudo darse cuenta que era de la muerte de ella de lo que se trataba: que le había hecho lo más terrible que se le pueda hacer a ese otro ser humano que entrañablemente lo ama.

Lo que quiero decir es que había en su pensamiento un impensado en él, pero que no era cualquier pensamiento que se pudiera conscientemente traer a la luz de la conciencia y la palabra, sino que sólo podía aparecer actuado. Y pensado sólo como ausencia del sujeto, como un lugar vacío-lleno que debía ser tachado en su existencia que se destruía y negaba a sí mismo como ser consciente.

Por eso en la ideología, cuando al mismo tiempo la describe como alusión- ilusión, y hasta puede comprender la materialidad efectiva en la que se asienta - cuerpo, imaginación, afecto-, no lo había reconocido como constitutivo, en el campo político, de toda subjetividad en los "soportes" -los individuos- del conjunto social. Sólo afirma el determinismo de la estructura, pero no el momento de una posible libertad práctica en la subjetividad de cada individuo que pueden llegar a no soportar la determinación con la que se lo define. (Pero está sobre todo en el corte epistemológico que, en la ciencia, separa tajantemente al concepto teórico de la ideología -la representación, la imaginación, el afecto, los valores, la presencia, y el objeto-objetal sentido e inconsciente que sostiene desde allí toda la serie).

Entre labios y dientes

Pero su idea reguladora, con la que su conciencia se manejaba, era la idea de Spinoza, del conatus vital, "todo en expansión y en alegría, del cuerpo y del alma, unidos como los labios y los dientes". Extraña esta unidad de los labios y los dientes, que es de yuxtaposición. No dice ni siquiera las encías y los dientes, que están unidos y forman siendo diferentes una unidad indisoluble, sino la unidad de los labios y los dientes: lo que estando separados como lo duro y lo blando, lo muelle y húmedo de lo óseo y brillante, es con esta dualidad -morder con los dientes, chupar con la lengua y los labios- con lo cual piensa la relación del alma con el cuerpo! O podría decirse: como dos saliencias diferentes en el mismo cuerpo, tan diferenciadas y al mismo tiempo formando parte de su propia unidad viva. Pero en ambos casos, creo, sería lo mismo. A no ser que me equivoque yo y le dé una interpretación exagerada. "Esta idea del cuerpo me venía de maravilla": agrega. Ahora sabemos por qué.

Pero en una segunda lectura, volviendo a las primeras páginas donde describe patética y objetivamente cómo, queriendo masajearla para aliviarla de su dolor, estranguló a Helena, leemos con fría y desnuda objetividad algo que, superado el escalofrío que nos recorre el cuerpo, nos da la clave de lo que estábamos diciendo: "Y de pronto me golpeó el horror: sus ojos están interminablemente fijos y sobre todo he aquí que un trocito de lengua reposa, insólito y tranquilo, entre sus dientes y sus labios".

Mamá y papá

Agrega después: "Yo no amaba los padres sagrados y había adquirido la certidumbre, de larga data, que un padre no es más que un padre, en sí un personaje dudoso, imposible en su papel, y tanto había aprendido y amado jugar al "padre del padre"' que esta empresa de pensar en su lugar lo que él hubiera debido pensar por sí mismo me venía como un guante" . La imposibilidad del papel del padre depende de la visión que le acerca la madre (y que seguramente Lacan le confirma). El lugar que hubiera debido ocupar el deseo del padre humillado, su deseo de pensamiento abstracto, está ocupado por el deseo de la madre que deposita ese pensamiento como deseo suyo en el deseo del hijo que tiene que integrarlo, y agregarle con el suyo la pasión y el ardor que al cuerpo de ella le falta. Althusser ocupa el lugar que el deseo de la madre le asigna: el del padre de ella, no el de su marido: un deseo abstracto. Ese lugar superlativo se corresponde con el deseo inconsciente de la madre cristiana en el hijo, quien pese a haber abandonado su juventud católica intensa, quedó en él inscripto como una marca arcaica. Althusser quiere ser Padre de padres, es decir el Dios cristiano, engendrador abstracto de hombres. El deseo de ocupar y hablar desde ese lugar absoluto, aunque corregido, fue depositado por la madre.

Más tarde

Y pensé que no debo tratarlo a Althusser sin ese dolor y esa simpatía que me despierta su vida y su lectura. Debo situarse más lejos que la mera teoría que hace aparecer en mí las ganas de enfrentarlo y descubrir en su carozo el gusano de su suficiencia y de mi antipatía, de su falta de verdad y de su abstracción distanciante. Siento una enorme pena por su sufrimiento que también animo desde el mío, y en algún lugar pienso que estamos o hemos estado en lo mismo, cada cual haciendo lo que podía. Menos hipomaníaco que él, menos desgarrado pese a haberlo estado y sintiendo que se aproxima para mí el desgarramiento absoluto del que hablaba Hegel, debo ponerme en otro lugar para entenderlo. Debo abrir en mí otro lugar de comprensión, porque es el que él mismo pide desde el coraje de escribir lo que escribió para explicarse lo que antes vivía sin entender. Y eso lo tenemos todos: cada uno tiene, y lo tengo, ese punto ciego que trata de abrirse camino para que a través de lo propio los demás comprendan, es decir comprendan el propio sufrimiento y lo acompañen. Toda obra de filosofía debería contener estos dos tiempos, separados por la locura y la muerte, que aparecen en él, como me enseñó Agustín en sus Confesiones. Aquí no caben las miserias y los antagonismos miserables que llevamos dentro, lo que tenemos que vencer para acercarnos a los otros amistosamente. Comprender no es sólo pelear, o pelearse con uno solamente: es quizás humildemente comprender sin flaqueza las propias y las de los otros, y ayudarlos al ayudarme a comprender las mías. No quiero hacerme el bueno, sino poder llegar a serlo.

Nuevamente la Madre

El problema de la madre en Althusser y la teoría del fundamento común que nos marca a todos como sujetos luego políticos. Con Foucault y el cura Bretón había conversado sobre la represión de la amistad entre hombres en el cristianismo. El amor generalizado era el intento de superar la homosexualidad en lo difuso de una generalidad vacía, pero dentro del hueco abierto por el terror a la mujer-madre, diosa y bruja sucia. "Existían tantos curas, hasta curas santos, que sentían horror de las mujeres, de donde surgía su instinto de pureza pues la mujer es un ser sucio, y muchos curas creían rechazar la impureza negando a la mujer y "se pagaban el muchacho".

¿Qué le pasó a él mismo con la mujer-madre? Cuando comenzó a perder todos sus objetos y a enfermarse por pedazos todo su cuerpo, Althusser se dio cuenta de esa diferencia entre los objetos-objetivos del mundo exterior perdidos, y su cuerpo mismo tratado de ese modo, y de los objetos-objetales, los objetos internos, primarios que constituyen la "matriz inconsciente" del sujeto. "Era (esas pérdidas) el 'amonedamiento' (monnayage) de una pérdida muy diferente, inconsciente, la pérdida del objeto-objetal, es decir interno, la pérdida del ser amado, de Helena, que reactivaba otra pérdida, más inaugural, la de mi madre ( que no pudo nunca soportar). La pérdida matricial del objeto-objetal, interno, se amonedaba así inconscientemente en el mecanismo repetitivo al infinito de objetos-objetivos discretos. [ Madre amonedada]. Como si, al perder el objeto-objetal que ordenaba todos mis investimientos, al perder la matriz inconsciente de todos mis investimientos, perdiera al mismo tiempo toda capacidad de investimiento de los objetos-objetivos discretos, y al infinito. Perdía todo porque había perdido el Todo de mi vida, y estaba viviendo el duelo. Este proceso de pérdida al infinito era el trabajo psíquico del duelo, el trabajo de la pérdida y sobre la pérdida del objeto-objetal inaugural" .

Habría que establecer la relación que existe entre esta pérdida, cuando aún no estaba todo perdido por el asesinato que lo quiebra todo, y el campo de la política que se prolonga desde la necesidad de unir el cuerpo primero escindido, luego despedazado. "Y durante el mismo tiempo estaba enfermo por todo mi cuerpo: los ojos, las orejas, el corazón, el esófago, el intestino, las piernas, los pies, qué se yo. Perdía propiamente mi cuerpo afectado por un mal universal que me amputaba su uso: volvía a caer así en mi "cuerpo despedazado" . Interpretación lacaniana de su propia enfermedad. ¿Es la explicación adecuada la que se da? Este estado se complementaba con la destrucción razonada y demostrable lógicamente de sí mismo, enfrentado con su dialéctica a la de los amigos a quienes vencía con sus razones: "destruir toda perspectiva de salir del estado miserable al que me encontraba reducido (...), pruebas de fuerza de las cuales salía siempre vencedor". ¿Y qué vencía al vencerlos, al destruir la existencia de los otros, dice, al refutar implacablemente todas las formas de socorro? "Yo buscaba la prueba, la contra-prueba de mi propia destrucción objetiva, la prueba de mi no-existencia, la prueba de que estaba seguramente muerto para la vida, para toda esperanza de vida, y de "salut" (salud-salvación)". "Me demostraba mi propia muerte".

Helena muere

Pero lo importante es la palabra "cobardía", con la cual se calificó a sí mismo de entrada. Es lo que no puedo comprender en ese juego final donde pretende que para matarse a sí mismo tuvo que destruir todo: Helena, sus amigos, su cátedra, su vida. Y dice que esas muertes de los otros eran la "prueba" de su propia destrucción, la que él necesitaba para saberse muerto. Extraña prueba de su propia muerte produciendo la muerte del otro (aquí no importan los objetos externos). No entiendo como puede escribir esta descripción de su propia enfermedad en estos términos: la "prueba" parece estar calcada en las pruebas simbólicas, o las pruebas racionales de la existencia de Dios o de su inexistencia, siempre externa al sentimiento que las necesita.

Pero aquí la prueba de su muerte no es su propia muerte, sino la muerte del otro más amado, dice. Por momentos roza el reconocimiento de su impostura, al recordar que, de niño, quiso alguna vez darse la muerte con una carabina: "Yo no era sino una existencia de artificios y de imposturas, es decir específicamente nada auténtico, por lo tanto nada de verdadero ni de real". Creo que no saca las conclusiones que se deducen, porque continúa diciendo que siempre buscó su propia muerte, siempre en duelo por sí mismo. Pero siempre era él quien se quedaba en vida, y la que murió en la realidad fue ella. Ese extremo debía ser muy difícil que pudiera alcanzarlo sin matarse a sí mismo, esta vez en serio y no por interpósita vida. "De hecho, siempre estuve de duelo por mí mismo, de mi propia muerte por madre y mujeres interpuestas": aquí se refiere a muertes simbólicas, como cuando se dice que Dios ha muerto, a amores desechados, no a la muerte de Helena, que fue una verdadera y no simbólica muerte por interpósita mujer, no simbólica sino cierta: real y palpitante.

Qué extraño: "Como prueba tangible de no existir, había desesperadamente querido destruir todas las pruebas de mi existencia, no solamente Helena, la más alta prueba, sino también las pruebas secundarias, mi obra, mi analista, y al fin yo mismo". Al fin, sólo al fin "yo mismo". ¿Es quizás lo que hacemos todos siempre? Uno está al fin, al final de juego, esperando ver primero cómo se destruye todo antes de experimentar la destrucción de uno mismo: la mirada infinita que nos pone fuera de juego, en lo absoluto del sin tiempo de la verdadera vida, el que nos salva al mantener la distancia entre la vida, la propia que permanece, y la de los otros, que se van de ella. El "sálvese quien pueda" llevado hasta el extremo límite de la tragedia no asumida sino soslayada: quedó en vida para hacer una obra que contenga la narración que él mismo hace de su propia muerte, pero que lo dejó en vida para contarla. El "après coup" que fue su descubrimiento en la teoría.

Y al fin aparece la referencia a la mística cristiana del todo o nada, del lleno y del vacío, en una dialéctica simbólica o imaginaria que es la de su proceso arcaico presente. Hablando de las "depresiones regresivas" dice: "impotencia total de ser es igual a omnipotencia sobre todo. Siempre la terrible ambivalencia, cuya equivalencia se encuentra en la mística cristiana mediaeval: totum=nihil". Recordar el "todos tuyos" del Papa, de la sumisión proclamada de ser todos en el Otro, pero en el otro existente, el mediador visible que es el cuerpo encarnado del pontífice sumo.

Y se quedó pues en vida: la que había muerto era ella. Y el amor , el verdadero pero ahora imposible, surge desde la muerte y retorna a la vida de la profesión y los amigos.. Madre-Amor-muerte-amor-vida. "Después retomé poco a poco mis asuntos en mano, mis amistades y mis afecciones. A partir de aquí creo haber aprendido qué es amar". ¿No actualiza así el modelo cristiano. al menos llevando al extremo límite lo que oculta la muerte de Cristo, del hijo, a quien la trampa que su madre le tiende lo condena a aceptar la muerte para pagar las culpas, las culpas de su ser puta y traicionar al padre? Es decir: haberle dado el mensaje al hijo de matarlo al padre y no haberlo podido hacer. Otra vez es el hijo el que se salva y se endiosa a su manera. Althusser desarrolla el drama de su católica madre, la que hizo mierda a su padre y lo alejó de sus hijos, a quienes le impidió identificarse con la fuerza y las ganas de gran fornicador y comedor de carne que el padre tenía.

Althusser nos dice claramente que los verdaderos cristianos están fuera de la Iglesia y que siguen siendo cristianos: es claro, asumen la contrafigura cristiana confesional, más bien la revierten, y en la figura de una mujer judía dan muerte, por interpósita persona, por interpósita madre impura, a la otra puta madre indiferente que el hijo sintió que lo iniciaba en el adulterio, quebrando la ley sagrada del incesto. Puta madre-judía. Althusser es la contracara del encubrimiento que poniendo siempre la muerte afuera nos salva de la propia muerte. Es el extremo límite de la rebelión cristiana, su coherencia extrema.

Franca y la filosofía

Para terminar, podemos pensar que en el futuro la filosofía de Althusser terminará siendo, como ya se atisba, un brillante fósil filosófico, una teoría que irá a incluirse dentro de los múltiples intentos de teorizar la realidad histórica de manera científica y objetiva: sin sujeto. Pero lo que si permanecerá, pensamos, es precisamente aquello que fue desdeñado por Althusser de sí mismo en su obra filosófica, como si correspondiera al pobre campo de la ideología: los fantasmas, los afectos, las representaciones, las imágenes, las pasiones, los sueños y los anhelos donde se expresa en verdad el sujeto antes desdeñado:: las hermosas y poéticas cartas a su amante Franca..Althusser, que se hizo filósofo para ocultar en la filosofía sin sujeto su temido designio mortífero, de odio y de venganza que la producía, será recordado para siempre por lo que más había excluido sin compasión de sí mismo: la ternura y el amor de un hombre, contradictorio como somos todos, que se expresó, clandestino, en las hermosas cartas a su amada Franca.

Fuente: Rebelión, 2003

Todos los libros están en Librería Santa Fe












Solo10.com: Dominios - Registro de Dominios - Alojamiento Web - Hospedaje Web - Web Hosting

3 abr 2008

ACERCA DE SEARLE.

John R. SearleJohn Rogers Searle (nacido el 31 de julio de 1932, Denver, Colorado) es Slusser Professor de Filosofía en la Universidad de California, Berkeley, y es célebre por sus contribuciones a la filosofía del lenguaje, a la filosofía de la mente y de la conciencia, a las características de las realidades sociales frente a las realidades físicas, y al razonamiento práctico. Le fue concedido el premio Jean Nicod en 2000 y es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes.

Aparte de su actividad académica, el profesor Searle fue también el primer profesor en ejercicio en unirse al Free Speech Movement en la Universidad de Berkeley. Searle estudió en la Universidad de Oxford gracias a una beca Rhodes.

John Searle es muy conocido por el desarrollo de un experimento mental llamado el argumento de la "Sala china". Lo creó para demostrar que el pensamiento humano no se compone de simples procesos computacionales.

Participó en el congreso internacional sobre el diálogo ciencia-fe, celebrado en el Vaticano el año 2000, como parte del Jubileo de los Científicos.[1]

Tabla de contenidos [ocultar]
1 Actos de Habla: Fuerza Ilocucional
2 Intencionalidad
3 Intencionalidad social
4 IA fuerte: La habitación china
5 Filosofía de la Mente: Naturalismo Biológico
6 Construcción de la realidad social
7 Notas
8 Obra editada en español
9 Enlaces externos
10 Lecturas



Actos de Habla: Fuerza Ilocucional [editar]Artículo principal: Acto de habla
Las primeras obras de Searle continuaron los trabajos de sus maestros John Langshaw Austin y P. F. Strawson. Concretamente, en actos de habla Searle desarrolla el análisis de Austin sobre los enunciados de acción o "performativos". Searle se centró en lo que Austin había llamado actos ilocucionarios, actos que se realizan diciendo algo. En estas sentencias (Actos de habla p. 31)

Juan fuma habitualmente.
¿Juan fuma habitualmente?
¡Juan, fuma habitualmente!
Ojalá Juan fumase habitualmente.
cada una tiene el mismo contenido proposicional (Juan fumando), aunque difieren en su fuerza ilocucional, ya que son, respectivamente, una aseveración, una pregunta, una orden y una expresión de deseo.

Searle asume que las fuerzas ilocucionales de una sentencia pueden describirse siguiendo reglas o condiciones especificables. Estas reglas establecen las circunstancias y el propósito de diferentes actos ilocucionarios. Searle utiliza cuatro tipos generales de reglas.

Por lo general una ilocución tendrá cierto contenido proposicional. Por ejemplo, una petición tendrá cierta acción futura en su contenido, mientras que una sentencia puede tener cualquier proposición como contenido. Algunas ilocuciones, como los saludos, no disponen de contenido proposicional.

Son necesarias ciertas condiciones previas para el éxito de cada tipo de ilocución. Por ejemplo, para realizar correctamente una petición es necesario que el oyente pueda realizar la acción solicitada y que el hablante crea que el oyente puede realizar dicha acción. Para que un saludo sea exitoso el oyente y el hablante bien acaban de encontrarse o acaban de haber sido presentados. Searle llama a esto condiciones preparatorias.

Un saludo puede no ser sincero, pero para agradecer realmente algo a alguien, es necesario que el hablante sea sincero, y para realizar una pregunta sincera el hablante ha de querer conocer la respuesta. Searle llama a esto la condición de sinceridad.

Según Searle, cada ilocución puede describirse en términos de lo que está intentando hacer. De esta forma una aseveración pretende que algo realmente es el caso. Una pregunta es un intento de elucidar cierta información. Agradecer pretende ser una expresión de gratitud. Este intento del hablante, o intencionalidad de una sentencia se convirtió en un aspecto principal de la obra posterior de Searle.

A pesar de que muchos lo creen, Searle jamás ha propuesto una definición clara de lo que son realmente los actos ilocucionarios. Los conceptos que sugiere varían sustacialmente a lo largo de los años (cf. Searle 1969, 1979, 1983).


Intencionalidad [editar]Searle posteriormente generalizó esta descripción basada en reglas de la fuerza ilocucionaria como un caso específico de intencionalidad. Searle identifica una propiedad de los fenómenos intencionales llamada la dirección de encaje. Por ejemplo, cuando vemos una flor nuestro estado mental se encaja con el estado del mundo, y la dirección de encaje es mente-a-mundo. Pero si alargamos la mano para coger la flor nuestro objetivo es hacer que el mundo encaje con nuestro estado mental, y en este caso la dirección de encaje es mundo-a-mente.

También desarrolla el término fondo (Background), utilizado aquí de forma bastante técnica, y que ha sido el origen de cierta discusión filosófica. Básicamente es el contexto dentro del cual ocurre el acto intencional. De forma significativa incluye la comprensión del mundo por parte del actor, así como la participación de otros en las actividades intencionales.


Intencionalidad social [editar]Searle crea una fuerte base teórica para el uso de la noción de intencionalidad en un contexto social. La intencionalidad es un término técnico filosófico que significa dotación de contenido (aboutness). La intencionalidad indica que alguien asocia cierto significado a un objeto, tal como una creencia acerca de él, su posesión, su desprecio, etc. Incluye el uso ordinario de pretensión pero lo amplía. En Collective intentions and actions, Searle busca explicar las intenciones colectivas como una forma de intencionalidad. En sus obras anteriores proporciona normativas referentes a la intencionalidad en el lenguaje. Searle desarrolla este tema buscando un conjunto de reglas que sean esenciales para la intencionalidad colectiva.

Searle sostiene este análisis con cinco tesis. Las tres primeras son:

1. El comportamiento intencional colectivo existe, y no es la suma de los comportamientos intencionales individuales.
2. La intencionalidad colectiva no puede reducirse a intencionalidades individuales.
3. Las dos tesis precedentes son consistentes con las siguientes restricciones:.
a. La sociedad se compone exclusivamente de individuos; no existe nada parecido a la conciencia de grupo o al espíritu de grupo.
b. La intencionalidad de grupo o individual es independiente de la falsedad o veracidad de las creencias del individuo.
Para satisfacer estas tesis, Searle desarrolla una notación para la intencionalidad colectiva que enlaza una intención individual con una colectiva, pero mantiene ambas intenciones separadas. En efecto, una intención individual puede tener como expresión una intención colectiva. La creación de una intención colectiva presupone que alguien comprende que otros pueden participar en la intención, de modo que:

4. La intención colectiva presupone un sentimiento de que el otro es un actor social que puede participar en una actividad colectiva.
Juntas, estas tesis conducen a la afirmación de que:

5. La teoría de la intencionalidad junto a la noción de trasfondo puede explicar la intencionalidad colectiva.

IA fuerte: La habitación china [editar]Véase también: Habitación china

El argumento en contra de lo que Searle denomina inteligencia artificial fuerte es parte de una posición más amplia en lo que respecta a la relación mente-cuerpo. La tesis central de la inteligencia artificial fuerte es que los procesos realizados por una computadora son idénticos a los que realiza el cerebro, y por lo tanto se puede deducir que, si el cerebro genera conciencia, también las computadoras deben ser conscientes. Para refutar esta posición, Searle desarrolla el siguiente experimento mental.[2]

Imaginemos que un individuo es colocado en una habitación cerrada al exterior en China. Por una rendija le son entregados papeles con símbolos chinos que desconoce absolutamente pues el individuo no conoce el idioma chino. Con unas instrucciones en inglés (o cualquiera que fuera su lengua madre) se le indica que debe sacar por la misma rendija una respuesta de acuerdo a un manual que se le ha entregado. En dicho manual sólo aparecen símbolos chinos de entrada y los correspondientes símbolos de salida. Así, el individuo puede localizar los símbolos que le son entregados y puede sacar papeles con símbolos diferentes. Los chinos que estén fuera de la habitación pensarán que la habitación conoce el chino pues han recibido respuestas satisfactorias. (Cfr. Test de Turing)

Searle considera que lo mismo ocurre con una computadora. Ésta manipula diferentes códigos sintácticos que nada tienen que ver con la comprensión semántica de los contenidos procesados. Evidentemente, el concepto de Intencionalildad está en el fondo del argumento de la Habitación china de Searle en contra de la inteligencia artificial.


Filosofía de la Mente: Naturalismo Biológico [editar]Véase también: Naturalismo Biológico

Searle considera que el famoso problema mente-cuerpo tiene una solución filosófica sencilla disponible desde hace más o menos un siglo: la conciencia es un fenómeno neurobiológico causado por el cerebro. La solución neurológica es más complicada y debemos esperar a que los neurocientíficos hagan su tarea.

Searle se opone tanto al dualismo como al materialismo, en favor de una posición a la que llama naturalismo biológico. El dualismo comete el error de considerar a la conciencia como una sustancia separada y por encima de lo material. El materialismo comete el error de negar los hechos básicos de la conciencia, inclusiva su existencia misma. Ambos están equivocados desde la raíz cartesiana que les dio origen. Las categorías físico y mental están cargadas con un significado antagónico del cual debemos deshacernos.

El naturalismo biológico considera a la conciencia como un rasgo de nivel superior del sistema nervioso. Searle considera que, de la misma manera en que las moléculas de H2O. tienen un modo de ser de tercera persona pero generan características de nivel superior como la solidez o la liquidez, de modo análogo el cerebro genera un rasgo a nivel del sistema que es la conciencia. La conciencia tiene una ontología (modo de existencia) de primera persona cuya principal característica es ser subjetiva, cualitativa y unificada, a diferencia de objetos no-conscientes cuya ontología es de tercera persona. Esta característica de la conciencia hace imposible reducirla a meros eventos neurobiológicos, a pesar de estar causada por ellos.


Construcción de la realidad social [editar]Searle ha aplicado recientemente su análisis de la intencionalidad a la construcción social. Su interés se centra en la forma en que ciertos aspectos de nuestro mundo se materializan como resultado de la intencionalidad combinada de aquellos que los usan. Por ejemplo, un billete de cinco euros es un billete de cinco euros tan sólo en virtud de la intencionalidad colectiva. Es debido a que alguien piensa que vale cinco euros y que otro también piensa que vale cinco euros que puede realizar su función económica. Esto es así independientemente de que el gobierno respalde el valor de la moneda. Imaginemos un caso en el que intentemos comprarle algo a alguien que no reconoce el valor del billete. A menos que le convenzamos de su valor, lo único que tenemos es un trozo de papel de colores. Por otro lado, un objeto no respaldado por ningún gobierno, tal como un sello antiguo, puede ser un objeto válido en una transacción comercial si ambos participantes están de acuerdo en ello. Tales objetos construidos socialmente impregnan nuestras vidas. El lenguaje que utilizamos, el concepto de propiedad y las relaciones con los otros dependen fundamentalmente de tales intencionalidades implícitas. Searle extiende su análisis de la realidad social a la creación de instituciones como el matrimonio y las universidades. Sostiene que tanto el valor del billete de cinco euros como la institución de la universidad han sido creados por tres principios primitivos: la intencionalidad colectiva, la asignación de función y las reglas constitutivas.

La aproximación de Searle a la construcción social es muy diferente y divergente de aquellos que sugieren que no existe una realidad independiente de la mente y que lo que llamamos realidad es una construcción social. Hacia el final de The Construction of Social Reality Searle presenta un argumento a favor del realismo. Sus argumentos no enfocan la construcción social de la realidad sino la construcción de la realidad social. Sostiene que "toda realidad social posee una estructura lógica consittuida lingüísticamente" en un artículo llamado Social Reality and Linguistic Representation.

____________________________


Notas [editar]↑ Culturas y fe
↑ "Minds, Brains and Programs", The Behavioral and Brain Sciences 3, pp. 417-424. (1980)




Obra editada en español [editar]Searle, John R. (1986), Actos de habla, Ediciones Cátedra. ISBN 978-84-376-0218-9.
Searle, John R. (1997), La construcción de la realidad social, Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-493-0421-7.
Searle, John R. (1992), Intencionalidad, Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-2252-9.
Searle, John R. (1999), Intencionalidad en la filosofía de la mente, Ediciones Altaya. ISBN 978-84-487-1294-5.
Searle, John R. (2004), Lenguaje y ciencias sociales: diálogo entre John Searle y Crea, El Roure Editorial. ISBN 978-84-7976-030-4.
Searle, John R. (2004), Libertad y neurobiología : reflexiones sobre el libre albedrío, el lenguaje y el poder político, Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-493-1666-1.
Searle, John R. (2004), Mente, lenguaje y sociedad: la filosofía en el mundo real, Alianza Editorial. ISBN 978-84-206-8605-9.
Searle, John R. (1985), Mentes, cerebros y ciencia, Ediciones Cátedra. ISBN 978-84-376-0569-2.
Searle, John R. (2000), El misterio de la conciencia, Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-493-0895-6.
Searle, John R. (2000), Razones para actuar: una teoría del libre albedrío, Ediciones Nobel. ISBN 978-84-89770-75-1.
Searle, John R. (1996), El redescubrimiento de la mente, Editorial Crítica. ISBN 978-84-7423-742-9.
Searle, John R. (1977), La revolución de Chomsky en lingüística, Editorial Anagrama. ISBN 978-84-339-0354-9 ; Agotado.
Searle, John R. (1977), ¿Qué es un acto de habla?, Universidad de Valencia. Servicio de Publicaciones. ISBN 978-84-370-0028-2.




Enlaces externos [editar]Página personal de Searle en la Universidad de Berkeley
Conversaciones con Searle. Entrevista en la serie Conversations with History. Disponible en webcast y podcast.
Razones para actuar. Una teoría del libre albedrío
Conciencia y subjetividad. Introducción a la filosofía de la mente de John R. Searle.

Lecturas [editar]Por John Searle:

Consciousness - Annu Rev Neurosci. 2000;23:557-78. Review.
La conciencia
'Is the Brain a Digital Computer? Presidential Address to the American Philosophical Association
Speech Acts: An essay in the Philosophy of language, (1969) (Actos de habla, Ed. Cátedra, 2001 -quinta edición-)
The Campus War, (1971)
Expression and Meaning, (1979)
"Minds, Brains and Programs", The Behavioral and Brain Sciences.3, pp. 417-424. (1980)
Intentionality: An essay in the Philosophy of Mind, (1983) (Intencionalidad, Ed. Tecnos, 1992)
Minds, Brains and Science, Harvard University Press, Cambridge, Mass. (1984) (Mentes, cerebros y ciencia, Ed. Cátedra, 2001)
"Collective intentions and actions".(1990) in Intentions in Communication J. M. P. R. Cohen, & M. and E. Pollack. Cambridge, Mass.: . MIT Press: 401-416.
The Rediscovery of the Mind, (1992) (El redescubrimiento de la mente, Ed. Crítica, 1994)
The Construction of Social Reality, (1995) (La construcción de la realidad social, Ed. Paidos, 1997)
Rationality in Action, MIT Press, (2001)
The Rediscovery of the Mind, (1992) ISBN 0-262-69154-X
Mind: A Brief Introduction, (2004)
John Searle ganó en España el Premio Jovellanos de Ensayo con Razones para actuar : una teoría del libre albedrio, ed. Nobel, 2000. La edición se ve enriquecida con un completo glosario de los términos técnicos empleados por SEARLE.