6 jul. 2012

SER HOMBRE



¿Qué significa ser hombre? La masculinidad es un conjunto de características, valores y comportamientos que una sociedad impone como el "deber ser de un varón". Entonces, el hombre es aquel que logra representar ese personaje prestablecido, cuyas características son la fuerza, la valentía, la virilidad, el triunfalismo, la competitividad, la seguridad, el no mostrar afectividad.
Es evidente que este reparto, también se hace sentir en el mundo femenino. De la misma manera, el mandato social establece que los atributos de la feminidad (delicadeza, sensibilidad, fragilidad, romanticismo) deben ser asociados sólo a las mujeres. Por lo tanto, no está bien visto que un hombre, hecho y derecho, tenga actitudes asociadas con la feminidad (lo mismo sucede a la inversa).
A lo largo de la historia de (al menos) los países occidentales y hasta nuestros días, la consecuencia directa de esta imposición de roles es la construcción de un binomio a partir del cual se erigen las desigualdades de género y las infinitas discriminaciones cotidianas.

VARONES FEMINISTAS. Enrolados bajo el nombre de “feministas” “pro-feministas”, “anti-machistas”, u “hombres por la igualdad”, cada vez más varones cuestionan ese modelo de masculinidad tradicional. Entonces convocan a jornadas de reflexión, salen a la calle a pintar graffitis y murales con sus consignas, y se reproducen a través de internet en foros y blogs, siempre con una misma misión: debatir sobre la masculinidad y sus roles preestablecidos en el trabajo, la pareja, el hogar y con relación a los hijos.
Se reúnen para reflexionar sobre su propia masculinidad. Se oponen al modelo del “hombre tradicional” vinculado a la fortaleza y la imposición; reclaman nuevos roles y denuncian la violencia de género. Los grupos anti-machistas se iniciaron en Europa y en Argentina ya tienen a sus primeros referentes.
Abogan por una “democratización” de las tareas de la casa a través de acciones efectistas y que llaman la atención, como por ejemplo, mediante concursos de planchado rápido. Y más seriamente, marchan contra la violencia doméstica, acompañando a las mujeres que denuncian a sus congéneres víctimas de lo que ellos no dudan en llamar “la violencia machista”.
Si bien existieron grupos de estas características en los Estados Unidos en los años '70, en Europa se expandieron a partir del 2000, en un principio, bajo el ala de agrupaciones feministas de mujeres.
Actualmente en España existen más de 23 grupos de “hombres feministas”, particularmente alentados por la creación del Ministerio de Igualdad en 2008, organismo que el año pasado se reubicó en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
En la Argentina, las primeras voces masculinas “anti-machistas” todavía se oyen tímidamente. El politólogo argentino Daniel Blinder es uno de los que busca generar un espacio político para los varones “pro-igualdad”. “No estamos planteando: las mujeres a trabajar y los tipos a planchar. Lo que buscamos es que derechos humanos como la libertad y la igualdad sean aplicados a todos los miembros de la sociedad sin distinción de género”, explica Blinder. Él se autoproclama feminista, aunque asegura que el concepto no está exento de prejuicios. “Muchas veces discuto con amigos porque hay gente que cree que ser feminista es ser un snob, un amanerado o un dominado. De la misma manera existe el prejuicio de que las feministas son todas divorciadas o lesbianas”, admite Blinder.
“Si bien es cierto que de una generación a otra el estado de las cosas ha cambiado, no se ha producido aún la gran transformación. Se sigue visualizando en términos de colaboración, la mujer ayuda al hombre con las finanzas, el hombre ayuda a la mujer con las tareas de la casa”, asegura.
Por su parte desde su sitio varones.com.ar, Guillermo Vilaseca, psicólogo argentino, especialista en estudios sobre la masculinidad, dice: “Los hombres estamos tratando de romper esa especie de corset emocional que nos ubica como seres proveedores en el hogar, que jamás lloramos y estamos siempre listos para el sexo. Se trata de ir contra los estereotipos, ese conjunto de valores que se le atribuyen no sólo al varón, sino también a la mujer”.

PATERNIDAD. En la puerta de acceso al sitio web de Prometeo, un grupo de hombres “pro-igualdad” con residencia en León, España, se puede ver a un chico que escribe “mi papá me mima". Ellos trabajan para lograr un mayor protagonismo en relación a la paternidad. “En el modelo de hombre tradicional, el ser padre está asociado con aquella figura que exclusivamente imparte autoridad. En esa búsqueda, muchas veces el varón se pierde del placer de disfrutar de otras cosas, la paternidad puede ser, para la mayoría de los hombres, la mejor oportunidad de aprender a expresar sus sentimientos”, proponen.

Elogio a la mujer brava

A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos las bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas, llevamos dentro un programa tozudo que nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas! Oro por que mi hija sea de este maravilloso grupo y encuentre hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres.

Héctor Abad, escritor y periodista colombiano.

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